Incendios que dejan lecciones por aprender

Este sector afectado, es uno de los pocos que aparecía como atractivo, desde el punto de vista turístico, dentro de la ciudad (...)

05 Febrero   5   Editorial   Gustavo Alvarado

El domingo reciente en plena alameda de Curicó se produjo un violento incendio que en escasos minutos redujo a cenizas uno de los lugares de entretención nocturna, con buenos bares, pub, y restaurantes, que con el tiempo se había ido formando esta ciudad. Con ello, además de las pérdidas millonarias, planteó algunas interrogantes y lecciones que pudieran servir para futuras emergencias.
Este sector afectado, es uno de los pocos que aparecía como atractivo, desde el punto de vista turístico, dentro de la ciudad, en especial para quienes visitan Curicó, existiendo allí hasta el domingo, una interesante oferta de locales que ofrecían buena gastronomía, buenos espacios para la conversación con amigos, y apto para recibir al curicano y visitantes.
El combate al fuego trajo una serie de complejidades, según lo confirmó la autoridad de bomberos, que enumeró situaciones que llaman la atención, por ejemplo, la escasez de agua, reconociéndose que, en verano, sobre todo frente a las altas temperaturas como las de los últimos días, existe un mayor consumo del vital elemento, lo que afecta la presión respectiva.
A ello se agrega la escasez de grifos, por lo que los camiones bomba y los aljibes debieron darse “tremendas” vuelta a la manzana para lograr reabastecerse, hasta que finalmente y gracias a la complementación con carabineros, permitió que los móviles accedieran contra el tránsito hasta los surtidores de agua, y así volver al campo de batalla contra el fuego.
Lo anterior hace preguntarse sobre las razones técnicas de la inexistencia de mayor cantidad de grifos, más aún si hablamos que el siniestro se produjo en un lugar calificado como del centro de Curicó. Lo segundo es conocer, si existe el mecanismo para asegurar un alto nivel de agua –presión y cantidad- cuando se desata la emergencia, en cualquier época del año.
Mención honrosa en el análisis, merece la actuación del camión portaescala telescópica cuyo conductor debió, como en casi de la mayoría de los casos, bregar no solo ante el siniestro, sino también contra la maraña de cables aéreos que caracterizan a esta ciudad.
Además, se sabe que los daños dejados por este tipo de situaciones siempre son cuantiosos, y ocurren sin previo aviso, ello es claro. Sin embargo, y como y tercer punto, algunos de los afectados preguntaban o sugerían sobre la existencia de algún mecanismo, algún seguro, que permitan proteger y apoyar a los afectados post emergencia.
En especial cuando se han concentrado, dado vida, a un lugar, como este, que con el tiempo se había constituido en aporte para la ciudad, desde el punto de vista productivo, incluso turístico.
Como ocurre siempre, la tragedia, la emergencia, un incendio, deja interrogantes para mejorar a futuro, como también lecciones por aprender, y este nuevamente es uno de esos casos.