Jóvenes emprendedores

Alegres, pese a algunas contrariedades. Como la dificultad para que se les reconozca legalmente como dueños de la empresa. Porque ellos quieren independencia, que no sean solo buenas palabras. Que la inclusión sea, efectivamente, una realidad.

30 Abril 2018   13   Editorial   Gustavo Alvarado

Diego tiene 25 años, Edison 26, Leanis 22 y Sebastián 21. Son cuatro entusiastas jóvenes que han emprendido un desafío importante. Con el apoyo de su familia han dado vida a “Coffee 21”, un servicio de catering y coctelería que, poco a poco, y con mucho esfuerzo, está abriéndose paso en Talca.
Visten poleras blancas y delantales negros. Camilo, un familiar, diseñó el logo, un pendón y creó una Fanpage. Anita les aportó con manteles y otros insumos que han ido pagando en cuotas.
El primer evento fue complicado. Como que no le tenían fe. “Creían que iban a fallar”, recuerda Paula, una de las mamás. Pero nada. Se lucieron con simpatía y habilidades que fueron admiradas por todos los asistentes. Tan bien lo hicieron que en un break se les acercó el gerente de la empresa que los había contratado, para decirles que se quedaran a un nuevo evento.
Trabajan de 9 de la mañana a 9 de la noche, por turnos. Se levantan temprano y no tienen inconvenientes en quedarse hasta muy tarde para cumplir con sus compromisos.
El “boca a boca” funcionó a la perfección para darse a conocer. Los llamaron de la Universidad Católica del Maule para participar en la Feria del Libro, y después han seguido trabajando con ellos.
Sebastián dice que es feliz con su empresa. “La gente se toma fotos con nosotros”, acota risueño. Edison, experto en cocinar unos ricos queques, agrega que “mucha gente dice gracias y nos abrazan”. Mientras que Diego se siente “profundamente feliz de trabajar, me motiva compartir con mis amigos”.
Y cuando lo dicen es imposible no creerles. Es imposible no emocionarse con sus historias, con su esfuerzo, con su perseverancia, con su alegría de vivir.
Alegres, pese a algunas contrariedades. Como la dificultad para que se les reconozca legalmente como dueños de la empresa. Porque ellos quieren independencia, que no sean solo buenas palabras. Que la inclusión sea, efectivamente, una realidad.
No ganan mucho dinero. De hecho, el negocio no es rentable. Pero eso es lo de menos.
Diego, Edison, Leanis y Sebastián son jóvenes con síndrome de Down, pero eso también es lo de menos.