La deuda con el patrimonio cultural

No hay que olvidar los hitos que yacen bajo los escombros,

29 Mayo 2018   6   Editorial   Gustavo Alvarado

Este fin de semana se celebró el Día del Patrimonio Cultural, oportunidad en que miles de personas, como cada último domingo del mes de mayo, aprovecharon la ocasión para visitar edificios públicos, lugares tradicionales, muestras fotográficas, conocer vehículos de antaño, y más de algún sitio que lleve esta denominación de patrimonial o histórico.
Los visitantes en cada región pudieron conocer un poco más, recordar y reconocer aquellos elementos que la historia y el paso del tiempo los terminó por convertir en hitos patrimoniales, mencionándose como ejemplo la apertura del Palacio de La Moneda, los edificios municipales y públicos de mayor antigüedad, sumando a ello actividades que son parte de la tradición nacional.
Así, con miles de personas disfrutando de estos hitos históricos, urbanísticos y tradicionales la fecha se justifica plenamente. Sin embargo, en el pensar colectivo de la comunidad queda la interrogante sobre qué es lo que sucede en los restantes días del año, no solo con los lugares que abrieron sus puertas, sino con aquellos que han debido cerrarlas, a causa del tiempo, de la dejación, o porque simplemente cayeron con los sismos de los últimos años.
Ejemplo de ello, en Curicó, hay varios, y en el resto de la región también. En plena Plaza de Armas, declarada zona típica por el Consejo de Monumentos Nacionales, el terremoto botó varios edificios que databan desde la segunda parte del 1800, los que no han podido ser reemplazados, ni siquiera por replicas, ya que el CMN, supuestamente para proteger el área en cuestión ha permitido que allí se instalen, por ejemplo estacionamientos, evitando que se desarrollen otros proyectos de mayor esencia patrimonial.
A escasas cuadras de allí, el mismo terremoto destruyó la escuela José Manuel Balmaceda, fundada durante el Gobierno de Balmaceda, por lo que se ganó el título de Monumento Histórico (2004). No obstante han pasado 8 años, y poco o nada se ha hecho para que este establecimiento salga de la destrucción que recibió en el 27/F. Es paradójico que los niños que ingresaron a clases en esta escuela en primero básico en el 2010, se licenciarán de octavo y no conocerán el edificio amparado por el CMN.
Algo parecido ha ocurrido con la Iglesia San Francisco de Curicó (Monumento histórico desde 1986), y lo mismo con la ex Estación de ferrocarriles, que sin bien no forma parte de algunos de los listados de Monumentos Nacionales, pero que el terremoto derribó su estructura dejando a esta ciudad sin su “patrimonial” terminal ferroviario. Lo propio sucede con el Cementerio Indígena más antiguo de la región, en Tutuquén, el que fue tomado en “resguardo” el CMN, pero ahí está, convertido en sitio eriazo.
Está bien celebrar el Día del Patrimonio Cultural, pero no hay que olvidar los hitos que yacen bajo los escombros, en medio del papeleo de un escritorio público, o simplemente bajo el olvido.