La droga: flagelo que crece y que en Chile llega antes

(…) el ingreso al mundo de las drogas en nuestro país hoy se produce a una edad más temprana, es decir la entrada se produce de niño en muchos casos.

09 Abril   75   Editorial   Gustavo Alvarado

La semana pasada la comunidad local se vio impactada por el arribo de un bebé, de un año y siete meses de edad, hasta el hospital. Según su madre el niño convulsionando habría masticado accidentalmente los restos de un “pito” de marihuana, el que durante esa noche habían estado consumiendo, junto a otras drogas, los cercanos del menor, en el mismo domicilio.
Los exámenes médicos lograron descartar la presencia de sustancias alucinógenas o restos de estas en el organismo del menor, quitando medicamente sustento a las afirmaciones realizadas por la madre del lactante. Sin embargo, estas dejaron al descubierto una realidad que pareciera es más frecuente y cercana de lo que se pudiera pensar.
Y es que en este caso puntual se corroboró que, si bien el niño no había masticado el resto del “pito” de cannabis sativa, sí estuvo expuesto en las horas anteriores a un ambiente en que se consume drogas. De hecho, pudiera este tipo de ambientes ser el inicio de muchos, para su consumo futuro de sustancias ilícitas, y la inserción al medio delictual.
Este incidente coincidió con los resultados entregados por el Gobierno, en que Chile aparece como el con mayor consumo de drogas en el concierto latinoamericano, y algo aún más inquietante, que es que el ingreso al mundo de las drogas en nuestro país hoy se produce a una edad más temprana, es decir la entrada se produce de niño en muchos casos.
En gran medida estos resultados dejan en evidencia que muchos de los organismos de protección, de defensas antidrogas, han tendido a no lograr sus objetivos en las últimas décadas, porque el consumo contrario a ir en retroceso avanza a ir creciendo.
Quizás el combate policial arroje buenos resultados, con hectáreas de decomisos, pero no servirá de mucho, si no se logra extirpar un flagelo que ha logrado enquistarse en el seno de nuestra sociedad, y específicamente en la familia, en el domicilio frente a los niños que mañana serán el futuro de Chile.
Sobre esto último, volvemos al caso de la madre que afirmó que su hijo de un año y siete meses había masticado una “colilla” de un pito. El niño por fortuna no comió de ese resto del cigarrillo, pero sí está afectado y a expensas de este tumor que afecta a su hogar, y a cientos, especialmente en poblaciones donde la carrera de la droga ha comenzado antes.
El tema es preocupante porque el estudio arroja que la situación es transversal, lo que equivale a que se encuentra en los diversos niveles y segmentos de la comunidad: presente en poblaciones y también en villas; en escuelas, pero también en colegios, en la calle también en el trabajo, y en suma un cáncer que se ha introducido y que será difícil sacarlo.
Lo del niño de un año y siete meses de vida es un reconocimiento que el problema está, una leve luz de alerta en medio del silencio de la población, y un llamado de atención hacia los organismos respectivos para el cambio de estrategia que les permitan ganar la batalla.
En todo caso la familia, algún grado de responsabilidad debe asumir, y no solo observar como el flagelo avanza y amenaza sus hogares.