La línea del tren, una herida permanente

Quizás sea el tiempo que esa herida permanente para muchas ciudades se transforme en oportunidades (…)

02 Abril   47   Editorial   Gustavo Alvarado

Cada cierto tiempo algunos proyectos de desarrollo para la ciudad se ven enfrentados en su avance o concreción con un elemento cruzado en medio de la urbe, al cual algunas autoridades han calificado como una herida permanente. Es la línea férrea, dependiente de la Empresa de Ferrocarriles del Estado, entidad paradójicamente de tipo público, pero en torno a la cual el Estado, a los ministerios y a los gobiernos de turno les cuesta actuar.
Contaba un parlamentario de la zona que hace algunas décadas, estamos hablando de los años 70 a 80, la empresa de ferrocarriles estaba calificada como ente estratégico, principalmente por la necesidad de país de contar con un medio de transporte, no solo de pasajeros, sino que especialmente de carga que permitía que el abastecimiento llegara a los distintos rincones del país.
Sin embargo, los años han transcurrido y las alternativas han aumentado, también las rutas y las vías de abastecimiento, como asimismo las opciones de transporte de pasajeros. Ello en forma tácita ha ido quitando ese reconocimiento de estratégico a la empresa de ferrocarriles, como también hoy es menor la cantidad de personas que lo utilizan para movilizarse desde provincias hacia Santiago, y viceversa.
En paralelo, las ciudades han crecido, y por ende han surgido proyectos urbanísticos para mejorar la calidad de vida de las personas, algunos de los cuales requieren ser implementados junto a la línea férrea, que desde la década del 70, y por ley es incorporada a la calificación de estratégica. Todo este conjunto paraliza o atrasa las iniciativas que busca el bienestar general de los ciudadanos.
Es extraño el resultado de este conjunto, porque a muchas autoridades de turno les cuesta reconocer o acusar que muchos proyectos de ciudades se aletargan a causa de la predisposición, a veces nula, de la empresa de ferrocarriles de autorizar, por ejemplo, un paso bajo o sobre la línea férrea, no considerando que tal o cual iniciativa mejorará la condición de vida de cientos de personas.
Y esto sin contar las incomodidades que genera “esta herida permanente” cada vez que las barreras quedan “pegadas” por horas sin que automovilistas puedan cruzar de una a otra zona de la ciudad, ante lo cual la empresa tiene oídos sordos desde hace años.
Y qué decir de un proyecto que permita, por ejemplo, a Curicó contar con una estación de ferrocarriles, luego que la que hubiera fuera desmantelada tras el terremoto del 2010, fecha desde la cual nada se ha hecho para entregar dignidad a las personas que esperan el tren, a veces bajo la lluvia, o en medio del frio.
Quizás sea el tiempo que esa herida permanente para muchas ciudades se transforme en oportunidades, no solo de reconstrucción, sino de avance para solucionar las barreras pegadas abajo, para permitir proyectos urbanos necesarios, acceder a la reconstrucción, y en suma que sea un aporte, y no un elemento de retraso, en lo que pareciera hoy se ha transformado.