La muerte de Ámbar

Si bien el facultativo expresó que se podía sentir “repugnancia, rabia, espanto” contra el culpable, también se debía considerar el horror frente “a los que callaron”.

02 Mayo 2018   8   Editorial   Gustavo Alvarado

El lunes, mientras se realizaba la formalización del sujeto acusado de la violación con homicidio de Ámbar, la pequeña de 1 año y 7 meses que falleció tras ser violentada sexualmente, en un hecho ocurrido en la localidad de Rinconada de Los Andes, en la Quinta Región, un grupo de personas expresaba su ira contra el imputado arrojando piedras al Juzgado de Garantía de Los Andes.
Un escenario que se ha repetido en otras oportunidades, dando cuenta del sentir ciudadano respecto a hechos policiales que han causado un alto impacto, poniendo hasta cierto punto en entredicho el actual sistema de administración de justicia.
Fundamentalmente, han salido voces que piden, ante hechos tan graves, que se vuelva a incorporar la pena de muerte.
El Presidente Sebastián Piñera se refirió ayer a este caso y junto con expresar su solidaridad a la familia de la pequeña víctima, acotó que su gobierno “no está de brazos cruzados”.
“Ya nos querellamos contra los responsables de este brutal asesinato”, sostuvo la máxima autoridad.
Pero más allá de lo puntual de este dramático caso, el Presidente enfatizó que “se está haciendo una profunda revisión de los criterios con que se seleccionan las familias de acogida”. También dijo que “vamos a legislar para aumentar los plazos de prescripción, para que los delitos sexuales contra nuestros niños no queden impunes”.
De esta manera, junto con lamentar la trágica circunstancia que rodea la muerte de Ámbar, se intenta ir más allá y solucionar situaciones que entorpecen y perjudican, finalmente, la vida de los niños vulnerados en Chile.
Una visión que apunta en la misma dirección que lo expresado por el pediatra Álvaro Retamal, quien fue uno de los especialistas que atendió a Ámbar en el Hospital San Camilo de San Felipe.
Si bien el facultativo expresó que se podía sentir “repugnancia, rabia, espanto” contra el culpable, también se debía considerar el horror frente “a los que callaron”.
Álvaro Retamal ha resumido muy bien lo que se debe esperar de la repercusión que este tipo de casos provoca. “Lo que espero es poder contribuir a que esto no pase nunca más, que se identifique al culpable y que se castigue con el máximo rigor de la ley, pero por sobre todo que como personas asumamos que cada cual tiene una tarea que cumplir”.