La realidad de Cataluña

Sean cuales sean las respuestas a estas preguntas, lo relevante es no caer en la violencia. Que más allá de las posturas, aparentemente irreconciliables, se logre mantener la compostura y el espíritu cívico-democrático.

01 Octubre 2017   10   Editorial   Gustavo Alvarado

La situación que se vive en Cataluña, comunidad autónoma española, es vista con atención por la comunidad internacional. Justamente hoy se debería realizar un referéndum para determinar si sus habitantes aprueban la opción de un proceso separatista de España.

Se habla en condicional, ya que el gobierno español ha intentado por todos los medios impedir la realización de este evento, argumentando que se trata de un proceso ilegal que el Tribunal Constitucional ya descalificó.

Mientras que el gobierno catalán, encabezado por Carles Puigdemont, no ha dado pie atrás, insistiendo, reiteradamente, en la realización del referéndum.

Dos posturas que parecen irreconciliables.

Ayer miles de personas salieron a las calles de Madrid y Barcelona a manifestarse en defensa de la unidad de España. Mientras que otras tantas durmieron en los colegios de Cataluña, lugares designados para la votación, y así garantizar que hoy se realice la cita independentista.

Afortunadamente, al menos hasta el cierre de la presente edición, los acontecimientos se desarrollaban de manera pacífica.

Según datos aportados por el Gobierno de Cataluña, de los 1.300 colegios revisados ayer por los Mossos d’Esquadra (cuerpo policial de la comunidad) 163 estaban ocupados.

El presidente de la Asamblea Nacional Catalana, Jordi Sánchez, dijo ayer que un millón de votos en el referéndum “sería un éxito desbordante”.

La incertidumbre está planteada. ¿Se realizará el referéndum? Y de realizarse, ¿qué legitimidad podría tener? ¿Cuántas personas participarán? ¿Qué viene después? ¿Qué ocurrirá a partir de mañana lunes?

Sean cuales sean las respuestas a estas preguntas, lo relevante es no caer en la violencia. Que más allá de las posturas, aparentemente irreconciliables, se logre mantener la compostura y el espíritu cívico-democrático. Que el pueblo español no tenga que lamentar la pérdida de vidas.

Cuando Chile vive sus propios procesos conflictivos, siempre es bueno observar y analizar otras realidades. Así, se pueden sacar conclusiones y aprender.