La reina Margot

Es cierto que la sociedad cambia y las tradiciones se incomodan con el peso de la modernidad, de la tecnología, de las nuevas generaciones. Sin embargo, no podemos quedarnos con esa mirada cortoplacista. Porque un país requiere mirarse en sus tradiciones para fundamentar su futuro, para no perder la esencia de su espíritu. Recordar lo que fuimos para ser mejores.

16 Septiembre 2018   8   Editorial   Gustavo Alvarado

Margot Loyola Palacios nació el 15 de septiembre de 1918.
100 años exactos. Falleció en agosto de 2015 a los 96 años. Una vida larga y fructífera que la ubican en lo más alto de la tradición folclórica chilena. Una mujer, linarense por cierto, que se merece los reconocimientos que por estos días se han multiplicado por distintas ciudades.
Una mujer de carácter, carisma y talento, amante de la cueca y la música tradicional. Una artista en el más amplio sentido de la palabra.
Una maulina que engrosa la larga lista de personajes destacado del ámbito de la cultura que nació en el Maule.
“Yo creo que el logro más grande de Margot Loyola es haber penetrado profundamente en el alma de Chile, porque en todas partes yo recibo muestras de cariño y recuerdos, no he escuchado absolutamente nada negativo, todo lo contrario”, reconoce emocionado Osvaldo Cádiz, el gran amor de la artista.
Cádiz rememora que Margot se ufanaba de que había dejado “bailando cueca a medio Chile”.
Esta frase adquiere un sentido especial, tan especial como la fecha de su nacimiento, en septiembre, el mes de la Patria, cuando la cueca suena fuerte, negándose a cederle espacio a las modas musicales, a la modernidad avasalladora que quiere arrinconarla en aparentes minorías.
Es cierto que la sociedad cambia y las tradiciones se incomodan con el peso de la modernidad, de la tecnología, de las nuevas generaciones. Sin embargo, no podemos quedarnos con esa mirada cortoplacista. Porque un país requiere mirarse en sus tradiciones para fundamentar su futuro, para no perder la esencia de su espíritu. Recordar lo que fuimos para ser mejores.
Y que mejor que la figura de Margot Loyola para recordarnos lo bello de nuestras tradiciones, de nuestro baile nacional, en estas fechas tan significativas.
Un 18 sin cueca no es 18. Un 18 sin Margot no es 18.
Salud, por la reina Margot.