La responsabilidad propia necesaria en redes sociales

(…) el cibercrimen, va más rápido, incluso más que la policía, los parlamentarios, y que incluso nosotros cuando publicamos una fotografía en redes sociales.

05 Marzo   15   Editorial   Gustavo Alvarado

Las denuncias de los últimos días en torno al sitio “Nido.org” dejaron al descubierto que situaciones de las que son víctimas, especialmente mujeres y menores, son más frecuentes de lo que pudiera pensarse. Esto porque son cada vez más las personas que son amenazados, presionados y hasta extorsionados a través de los denominados “sitios oscuros” que son cientos los que se desarrollan silenciosamente, en el ciberespacio.
Estos sitios, denominado en el cibercrimen como “Dark Net”, o “Deep Web” mucho de ellos escudan u ocultan el delito virtual que afecta en el mundo a millones de personas, a través la pornografía de grueso calibre, el aprovechamiento lucrativo de imágenes con connotación sexual de otras personas, o el ataque a mansalva contra la honra de aquellos que han osado exhibirse más de lo necesarios en redes sociales.
Coincidentemente con el revuelo dejado por “Nido.org” en la región aparecieron casos que, si bien no están comunicados con este sitio web, sí poseen concretas similitudes, las que no dejan de llamar la atención, En uno de ellos, un joven estudiante de derecho, autodidacta en el ciberespacio, que había logrado entrar a esos sitios oscuros encriptados, conseguir pornografía infantil y luego venderla a una cartera de clientes.
En el segundo caso, el despecho pudo más, llevando a un joven pastelero curicano a subir imágenes de connotación sexual pertenecientes a su ex polola, cuando ella tenía 17 años. En ambos se configuran “graves” delitos, según las autoridades de todos los espectros, pero paradójicamente con bajas sanciones asignadas al ilícito, que significaron, por ejemplo, que ambos individuos, a las horas después de la detención estuvieran ya en libertad.
Y he ahí la primera reflexión: la necesidad de modernizar el escalafón de penas, área en que el poder parlamentario debiera tener una labor más proactiva para combatir la proliferación de este tipo de delitos, y de otros similares que tienen al ciberespacio como el principal escenario y protagonistas. En esto, aparentemente poco se ha avanzado, pese a que si lo han hecho quienes se escudan u ocultan en los Dark Net o Deep Web.
Una segunda reflexión aborda a la vereda de enfrente, la nuestra como usuarios frecuentes del ciberespacio, a quienes se nos pierden los límites de lo que es conveniente o no publicar en redes sociales, dejando expuesta la privacidad que luego intentamos proteger cuando ya es demasiado tarde. Es lo que le afectó a la joven de 17 años, que luego por venganza y despecho de su ex pololo simplemente fue vulnerada y mostrada en redes dedicados al porno puro.
Sobre esto es necesario que los usuarios asuman una actitud de autocuidado, pero también de auto responsabilidad velando por el material, los datos, las fotografías, y antecedentes que publicamos en redes, y que a posterior pudiesen ser usados en contra. Solo hay que recordar que el ciber espacio, el cibercrimen, va más rápido, incluso más que la policía, los parlamentarios, y que incluso nosotros cuando publicamos una fotografía en redes sociales.