Las lecciones dejadas por los simulacros

Mención especial merece la responsabilidad con que los vecinos asumieron el operativo

11 Septiembre 2018   8   Editorial   Gustavo Alvarado

Hace algunos días más de medio millar de personas, todo un poblado precordillerano, se movilizó en torno al primer simulacro volcánico en el Maule. Al término de la evacuación y en forma preliminar el ejercicio fue calificado como un éxito, no solo por la cantidad de gente y organismos que tomaron parte, sino además por la trascendencia que tendrán sus conclusiones que debieran ser dadas a conocer en el corto o mediano plazo.
Ya anteriormente en la zona la Oficina Regional de Emergencia, OREMI, junto a otras instituciones habían desarrollado similares acciones dejando cada uno ellos lecciones por aprender, y conclusiones a tomar en cuenta ante las eventualidades que por ejemplo pudiera traer consigo la naturaleza.
De hecho el tsunami del recordado 27/F del 2010 si bien trajo consigo daños y pérdidas a la zona, también sirvió para despertar la necesidad de contar con elementos de alertas sonoras, de zonas de evacuación y, en suma, herramientas que le permitan a la comunidad estar preparados.
El jueves reciente, el simulacro en el sector Los Queñes, en la comuna de Romeral, provincia de Curicó, permitió observar tiempos de activación, reacción y puesta de las personas en un lugar seguro. Sirvió además para conocer en terreno, la metodología que los organismos de emergencia dispondrán tras la alerta, luego, en este caso, de una hipotética erupción volcánica.
De paso, el ejercicio develó algunas de las falencias que comunidades alejadas de la urbe y cercanas al punto de emergencia poseen a causa de distintos factores. Por ejemplo, y pareciera es la tónica en lugares más distantes, que la conectividad tecnológica no es de las mejores, y ante una eventualidad sin duda que de contar con mejores alertas o mayor comunicación se agilizarían los procesos, y estos se harían más eficientes y eficaces.
Mención especial merece la responsabilidad con que los vecinos asumieron el operativo, el que en suma se desarrolló en 55 minutos, pero de este tiempo cronometrado los habitantes de Los Queñes, de Los Maquis, y alrededores, solo ocuparon 5 a 10 para salir de sus casas, con sus hijos, portando los kits de seguridad, para colocarse finalmente en lugar seguro, lo que habla bien de como el país ha ido aprendiendo de las lecciones, no solo entregadas teóricamente por ONEMI, sino también por emergencias anteriores.
En paralelo quedó claro que se requieren mejorías en las alertas sonoras para que la comunidad sepa del momento oportuno en el cual colocarse a buen resguardo; también se estableció que las tecnologías hay que afinarlas aún más, todo lo cual será parte de las conclusiones que dejará este ejercicio, un simulacro de cuyas lecciones hay que aprender, como ya se ha hecho de otros en la zona y en el país.