Leña seca y emergencias ambientales

La fiscalización es claramente deficitaria y la ciudadanía tampoco ha colaborado con descontaminar

06 Agosto 2018   5   Editorial   Gustavo Alvarado

Lla leña ha sido por largos años una de las fuentes de energía más utilizadas por los habitantes de la Región del Maule para calefacción domiciliaria durante el invierno. Incluso hasta hace poco tiempo también era ocupada de manera regular para cocinar y calentar agua, todo ello, debido a su aparente bajo costo en relación con otras alternativas, como el gas licuado, electricidad o parafina.
Pero hoy esta situación debe cambiar. En primer lugar, porque ya no da lo mismo utilizar cualquier tipo de leña, especialmente, debido a sus consecuencias negativas en materia de contaminación del aire y salud pública. Y, además, porque las otras alternativas están masificadas y, en el largo plazo, pueden resultar incluso más baratas, estables y seguras.
Sin embargo, ello sólo será posible como un proceso continuo en el tiempo de cambio en las costumbres de las familias de las ciudades del Maule. Pero no por ello deja de ser urgente. Así lo revelan las preocupantes estadísticas de episodios de contaminación que se han registrado a la fecha durante el ivierno. Los datos dejan expuesto un alarmante incremento de episodios de emerencia, preemergencia y alerta.
Todo ello se compara negativamente con el invierno del 2017, donde claramente la situación fue menos crítica. Y para explicar este fenómeno existen sólo dos variables: que la fiscalización es derechamente deficitaria o bien que la ciudadanía aún no ha comprendido la relevancia de asumir su rol en cuanto a mejorar el medio ambiente durante el invierno. En realidad, es una mezcla de ambos factores.
En el primer punto y a pesar de los esfuerzos de la autoridad sanitaria, claramente la capacidad real de fiscalizar las restricciones al uso de la leña -en términos amplios- deja mucho para alcanzar estándares de eficiencia. En esto, no sólo se requieren más funcionarios, sino que se actúe con una estrategia que provoque impacto comunicacional y, a la vez, que traiga consecuencias efectivas para los ciudadanos que transgreden las normas.
Y en el segundo punto, claramente la ciudadanía no ha colaborado con el plan de descontaminación. Para ello, basta con caminar por los distintos barrios de Talca y otras ciudades de la región durante las noches, para percatarse de las chimeneas humeantes en las casas. El tema de fondo es que si no se enfrenta esta situación con medidas concretas y no de apariencia, vamos a seguir año a año con estadísticas peores.
Así terminaremos por heredar a las futuras generaciones ciudades altamente peligrosas para vivir, donde a nadie parece importarle lo que le ocurre a los vecinos de mayor vulnerabilidad.