Ley de Alimentos

Sobre esta segunda fase de la norma, algunos expertos han planteado que, tal como están definidos los límites para nutrientes críticos, “producen confusión en algunos casos”.

12 Febrero 2018   9   Editorial   Gustavo Alvarado

En una reciente crónica publicada por el New York Times se hacía referencia a la Ley de Alimentos y Publicidad de Chile, que entró en vigencia el 2016, calificándola como “el intento más ambicioso de cambiar la cultura alimentaria de un país”, junto con postularla como un modelo para intentar controlar la actual “epidemia de obesidad global”.
Conceptos elogiosos que vienen a poner un grado de objetividad hacia una norma que ha generado distintas reacciones a nivel local.
Vista desde afuera, la normativa, conocida principalmente por la aplicación de los sellos negros que advierten en los envases de los alimentos sobre calorías, grasas saturadas, sodio y azúcares, adquiere un sentido ejemplificador que debe llamar a la reflexión. Porque a veces la discusión interna, contaminada por argumentos ideológicos y economicistas, no deja ver con claridad el fondo del objetivo con el que se creó la ley.
El artículo del prestigioso medio estadounidense también destaca que empresas como Kellogg debieron deshacerse de los personajes animados de sus cajas de cereales azucarados; y que se prohibiera la comida chatarra en las escuelas.
Pero eso no es todo. En junio del presente año las empresas que comercializan productos procesados tendrán que adecuarse a los nuevos límites máximos de nutrientes críticos de azúcar, sodio, calorías y grasas saturadas, dando paso a la segunda etapa del reglamento, que obliga a disminuir aún más los niveles de nutrientes críticos en alimentos sólidos y líquidos.
En un hecho a destacar, la industria de alimentos se ha ido adecuando a la normativa. La Asociación de Alimentos y Bebidas de Chile, por ejemplo, ha expresado que “como corresponde, ha cumplido y aplicado en su totalidad la ley”.
Sobre esta segunda fase de la norma, algunos expertos han planteado que, tal como están definidos los límites para nutrientes críticos, “producen confusión en algunos casos”. Y especifican, por ejemplo, en el tema de las porciones, “sobre todo cuando son porciones grandes, de más de 100 gramos, donde el consumo es mayor”.
Aparecen así dudas razonables que, según los expertos, podrían confundir a la ciudadanía, ya que a las personas se les dificulta cuantificar cuántos nutrientes críticos están consumiendo diariamente y si su consumo total supera lo recomendado para tener una alimentación saludable.
Entonces, si bien la ley es una norma bien intencionada, que se hace cargo de un problema evidente y relevante, debe acoger la opinión de los expertos y pavimentar, con los ajustes que sean necesarios, un contexto que, efectivamente, le entregue a las personas un camino veraz y efectivo hacia una alimentación saludable.