Ley express

Es necesario que se hagan efectivas las responsabilidades políticas y que el trabajo mal hecho sea castigado sea del nivel que sea.

19 Octubre 2016   13   Editorial   Gustavo Alvarado

Ante lo que calificó como falta de apoyo transversal el Gobierno decidió ayer retirar de tramitación en el Congreso en menos de 24 horas el proyecto de ley buscaba corregir el error que afectó con un cambio de domicilio electoral arbitrario a más de 467 mil electores.

Se trata de una grave situación que consiste en que el Padrón Electoral exhibe discordancias en cuanto al domicilio electoral publicado de un número de ciudadanos, respecto de aquel en el que ellos realmente desean ejercer su derecho.

Dicho de otro modo, estos casi medio millón de ciudadanos se encontraron con que ahora deben votar en otro lugar distinto al que originalmente lo hacían. Caso paradigmático es aquel del habitante de Las Condes que debería votar en la Villa de las Estrellas, en la Antártica chilena.

Sin embargo, esto no es nuevo para las autoridades, ya que ya en junio pasado se levantaron las primeras voces de alerta ante esta situación y pasaron varios meses antes que alguien hiciera algo. Peor aún, se esperó a menos de una semana del día de las elecciones para adoptar esta medida de la llamada ley express que no concitó apoyo ni en la oposición y tampoco en el oficialismo.

Con esto, todo queda igual a como estaba antes del anuncio y los electores sólo podrán votar en la mesa en la que figuren en el nuevo y último padrón. Es decir en el domicilio en el que se les cambió arbitrariamente.

Es un nuevo bochorno que debe enfrentar el país, el que incluso puede tener consecuencias electorales ya que los cambios de domicilio podrían incidir en el resultado de las elecciones locales donde muchas veces los resultados son muy estrechos.

Hasta el momento no ha habido una explicación plausible sobre este hecho y menos se ha observado algún atisbo de que las autoridades a cargo de estos temas hayan pensado siquiera en poner su cargo a disposición como usualmente ocurre en los países democráticos.

En un proceso electoral que ha despertado escaso entusiasmo y con el fantasma del abstencionismo rondando en cifras que pudieran ser históricas esta clase de situaciones en nada favorecen la necesaria transparencia de los procesos.

Es necesario que se hagan efectivas las responsabilidades políticas y que el trabajo mal hecho sea castigado sea del nivel que sea.