Los desafíos que trae la vuelta a clases

La cuestión respecto de si pueden seguir existiendo proyectos privados es un tema conflictivo

05 Marzo 2018   14   Editorial   Gustavo Alvarado

Hoy es un día muy importante para los millones de estudiantes que volverán a clases en todo el país. Muchos lo harán por primera vez, desatando encontradas emociones entre sus padres que los acompañarán en el ingreso al colegio. Para los más grandes será algo distinto, porque ya están acostumbrados a moverse solos o acompañados por amigos. Algo similar ocurrirá con los estudiantes de educación superior.
Pero no son los únicos que protagonizarán desafíos, porque la vuelta a clases también significa que se retoman las discusiones sobre los cambios que se requieren para mejorar la educación. El debate público, a la fecha, parece estrecharse en torno a quienes están a favor de continuar impulsando la gratuidad universal y los que están en contra de esta iniciativa.
Sin embargo, el complejo tema de cómo mejorar la educación es obviamente mucho más amplio. Así lo entienden los padres que hoy dejarán a sus hijos en los colegios, por cuanto todos ellos sueñan con ver a sus niños transformados en profesionales. Y para que ello ocurra, muchos saben que la capacidad económica de los padres sigue siendo un factor ineludible.
Por ello, más allá de los slogan o promesas de campaña, lo concreto es que la demanda histórica de una educación pública gratuita y de calidad sigue siendo la aspiración más importante de la sociedad chilena. Todos los expertos coinciden en que la educación es la palanca de promoción social más relevante en la sociedad y, por ello, es también uno de los pilares más fundamentales del desarrollo de cualquier democracia.
La cuestión respecto a si pueden seguir existiendo proyectos privados con fines de lucro es un tema todavía muy conflictivo y que divide al mundo político. Más allá de consideraciones ideológicas, es claro que la libertad de educación es un derecho constitucional que no puede ser perturbado y que otorga plena autonomía a los padres para escoger dónde estudian sus hijos.
El tema de fondo, entonces, es que sigue siendo deber del Estado asegurar que la oferta pública esté cada vez más a la altura de los desafíos de una educación moderna e inclusiva. Mucho de ello ocurre actualmente en los denominados “liceos emblemáticos”, pero poco o casi nada se ha extendido a otros recintos educacionales donde está prohibido seleccionar alumnos.
Por todos estos motivos, la opinión pública no puede menos que seguir atentamente lo que hará el nuevo gobierno en materia de educación, así como también observar atentamente qué pasará con la continuidad de los avances actuales.