Los límites del poder

Mientras el presidente Maduro se empeña en traspasar responsabilidades, cargando todo a una maquinación de Estados Unidos y sus “satélites”, en Chile miles de venezolanos deben luchar por un espacio para desarrollarse.

13 Enero   13   Editorial   Gustavo Alvarado

Por qué Nicolás Maduro ha obviado todas las señales, internas y externas, que dan cuenta de la crisis institucional que vive Venezuela, aferrándose al poder? ¿Por qué Evo Morales no respetó el resultado del referéndum del 2016 que rechazó su idea de reformar la constitución para permitirle un cuarto mandato?
¿Por qué ese afán de continuar en el poder de estos dos presidentes? Dos mandatarios situados hacia la izquierda del ideario político, y que se han ido quedando aislados conforme la balanza de los gobiernos sudamericanos se ha ido inclinando hacia la derecha.
Y si bien se entiende que puedan existir diferencias entre países a la hora de entender el concepto de democracia, se ha llegado a cierto consenso respecto a patrones mínimos que definen la salud de un Estado democrático.
La Unidad de Inteligencia de la revista The Economist dio a conocer recientemente el índice 2018 sobre el nivel de democracia en diferentes países. Una estadística que estableció que en América Latina solo Uruguay y Costa Rica figuran en la categoría de “plena democracia”.
El informe bajó a Nicaragua de “régimen híbrido” a “régimen autoritario”, misma categoría en la que se ubican Venezuela y Cuba. ¿Y Chile? Nuestro país aparece encabezando las “democracias defectuosas”, mientras que a nivel mundial se ubica en el puesto 23, superando a países como Estados Unidos, Francia e Italia.
Tras asumir Nicolás Maduro su segundo periodo presidencial en Venezuela, la OEA manifestó inmediatamente que no reconocía su gobierno, en una avalancha de desaprobación a la que se sumó incluso la Unión Europea. Chile, como se esperaba, también expresó su rechazo al régimen “chavista”.
Mientras tanto, la situación interna venezolana parece no mejorar, consolidándose el dramático proceso de emigración que algunos medios estiman en más de 2 millones de personas desde el 2015. Una realidad de la que Chile ha sido protagonista, con la llegada de un nutrido grupo de venezolanos que buscan una normalidad que en su país no encuentran.
Son estos venezolanos que luchan por integrarse a la sociedad chilena, quienes conforman el rostro más humano de la crisis. Mientras el presidente Maduro se empeña en traspasar responsabilidades, cargando todo a una maquinación de Estados Unidos y sus “satélites”, en Chile miles de venezolanos deben luchar por un espacio para desarrollarse, con todo lo que eso implica, soportando, además, la nostalgia del expatriado.
Bajo ese contexto, la pregunta es insoslayable. ¿Por qué Nicolás Maduro se aferra al poder? ¿Qué argumento tan poderoso puede justificar una crisis, social y humanitaria, tan grande? Quizá esa explicación exista, pero hasta el momento no se conoce o, al menos, no alcanza para dar tranquilidad a los miles de venezolanos que han llegado a Chile.
Por último, ¿cuáles son los límites del poder?