Medio ambiente y Día Mundial del Agua

el Maule es una de las zonas del país donde el agua constituye un valor trascendente para el desarrollo de nuestra economía silvoagropecuaria.

17 Marzo   29   Editorial   Gustavo Alvarado

Miles de jóvenes en Chile y millones en todo el mundo, protagonizaron una marcha contra el cambio climático, en un movimiento global que busca remecer a los gobiernos e instalar en sus agendas la problemática relacionada con el cuidado al medio ambiente y la eliminación de emisiones de gases contaminantes.
A ello se sumó que, la próxima semana, se conmemorará el Día Mundial del Agua. Se trata de una jornada especialmente sensible para Chile y, en particular, para nuestra región, puesto que el Maule es una de las zonas del país donde el agua constituye un valor trascendente para el desarrollo de nuestra economía silvoagropecuaria.
En el primer aspecto, Chile está dando pasos decisivos con el impulso a las fuentes de energía renovables y la electromovilidad. Allí la posición de nuestra región es relevante, debido a que contamos con una amplia zona costera donde es posible instalar parques eólicos, sin dañar el turismo y tampoco a las comunidades locales.
Otro factor relevante es el uso cada vez más masivo de la energía del sol en los hogares, a través de tecnología que se instala en los techos de las viviendas. Y, además, se cuenta la generación hidroeléctrica con embalses y centrales de pasada que permiten respetar el medio ambiente y, a la vez, aprovechar los recursos naturales.
Pero todavía falta mucho por hacer, especialmente, en cuanto al cuidado del agua. Con el paso de los años y, si los procesos de desertificación y cambio climático no se revierten, las nuevas generaciones se preguntarán qué hicieron sus padres para cuidar el agua, y si los gobiernos impulsaron planes estratégicos con este objetivo.
Para concretar esta labor, sin duda que es muy importante continuar y profundizar en la investigación sobre hidrología, por cuanto necesitamos saber qué tipo de medidas se pueden adoptar a mediano y largo plazo. No puede ser que, sencillamente, toda el agua se vaya al mar y no sea embalsada para fines posteriores.
Así ocurre en las zonas del secano, donde es cada vez más complejo contar con agua en los pozos domiciliarios, ya que las napas bajan su caudal debido a las olas de calor en verano y las escasas lluvias, cada vez más concentradas en periodos cortos de tiempo. Por ello, es urgente contar con equipamiento y tecnología.
También se necesita mejorar la coordinación entre las propias organizaciones y usuarios del riego agrícola, para incrementar la eficiencia en el uso del recurso hídrico destinado a estos fines productivos, asegurando la limpieza de canales y, con ello, una mejor distribución del agua en los campos.
Todo ello, eso sí, en un justo equilibrio que permita asegurar la sostenibilidad de la producción agrícola y, también, aportar con el uso del agua en la generación. En este punto, el diálogo es vital, más allá de los litigios que mantienen actualmente enfrentados a estos sectores y sus respectivas organizaciones.
En esta labor, el gobierno puede jugar un rol trascendental, ya que está llamado a mirar más allá de puntos de vista particulares, buscando el bien común. Así lo exige la opinión pública y, especialmente, porque el eficiente uso del agua es un paso trascendente en el contexto del cambio climático y sus efectos negativos.