Muertes en el Sename

Es evidente que la actual estructura no da para más y que se requiere una profunda reorganización del sistema, con cambios de fondo tanto en el sistema como en el personal que allí trabaja.

05 Octubre 2016   5   Editorial   Gustavo Alvarado

Se acaba de conocer una impactante información relacionada con la cifra real de niños, niñas, adolescentes y adultos fallecidos entre el 1 de enero del 2005 y el 30 de junio del 2016, tanto en el sistema de protección como de justicia juvenil del Servicio Nacional de Menores (Sename).

La directora del servicio, Solange Huerta, cifró en 243 el número de menores fallecidos en los centros que se encuentran bajo la administración del organismo; 210 de ellos murieron en el sistema residencial y 33 en centros de Justicia Juvenil, mientras cumplían alguna medida de internación provisoria.

De los 210 niños, niñas y adolescentes, en el sistema de protección residencial (centros del Sename o de organismos colaboradores privados)  131 decesos estaban asociados a alguna enfermedad.

 En tanto, que la cifra de niños, niñas y adolescentes que fallecieron mientras vivían con sus familias y eran atendidos en programas ambulatorios a cargo de organismos privados llega a 406.

En este periodo fallecieron también 215 adultos que permanecían en centros de protección por tener graves discapacidades, al no existir otros organismos que los acojan.

Se trata de datos extraordinariamente graves que hablan del desorden que existe al interior de ese organismo, ya que para lograr esta cifra debieron transcurrir varias semanas luego de las denuncias de muertes el interior de la entidad. Es decir, nadie llevaba un catastro de estos hechos.

Se supone que los menores que son derivados al Sename van por protección u otras razones. Sin embargo, pareciera que ellos viven en un verdadero infierno sometidos a todo tipo de abusos y sin una preocupación preferente por ellos.

Solange Huerta ha señalado que “la muerte de cada uno de estos niños nos duele, pero también nos duele habernos demorado dos meses en poder entregar esta información. Eso obedece a las deficiencias de nuestro sistema, como también lo hemos indicado públicamente”.

Asimismo, señaló que “asumimos acá un compromiso para que eso nunca más nos pase como sociedad, nuestros niños tienen que volver a estar en el centro de las preocupaciones públicas y pedimos a todos los chilenos que se sumen en este esfuerzo”.

Es de esperar que estas no sean palabras vacías porque la realidad que se vive al interior de estos recintos dista mucho del mínimo satisfactorio.

Es evidente que la actual estructura no da para más y que se requiere una profunda reorganización del sistema, con cambios de fondo tanto en el sistema como en el personal que allí trabaja.

Había un proyecto anunciado por la anterior administración que dividía el servicio en dos partes, para tratar separadamente los casos de la infancia y adolescencia, pero nada se ha avanzado en ello.

En este contexto, términos como protección o rehabilitación suenan irreales por lo que es urgente ocuparse seriamente de este problema para que el Sename cumpla verdaderamente su importante rol social.