Name, se levanta: Lejos del monocultivo y más cerca de las añosas parras

Cuando un dirigente advierte sobre una situación en su territorio, es importante escuchar y acoger su moción, pues nadie más que ellos (nacidos y criados en el lugar) conocen en detalle lo que pasa o lo que podría afectar –o amenazar- su sector.

02 Febrero 2017   9   Editorial   Gustavo Alvarado

Hace unos años atrás, el presidente de la junta de vecinos del sector de Name, Eduardo Cancino, manifestó su preocupación por la plantación desmedida del monocultivo. Entre cerros y quebradas, paisaje tradicional del secano costero interior maulino, sumado el problema de agua que los afecta, hacían del lugar una zona de riesgo, situación que lo hizo saber el dirigente, en reiteradas ocasiones, a las autoridades locales. Con el afán de evitar lo que hoy hay que lamentar: Name fue arrasado por el fuego, poniendo en riesgo a su comunidad, sus bosques nativos, sus añosas viñas  y a toda la biodiversidad que cohabita en ese sitio.

Los dirigentes cumplen un rol esencial en las distintas comunidades, al ser quienes conocen y se comunican directamente con cada uno de las familias del sector, conociendo sus problemas y realidades. Por tanto, involucrar en la gestión a ellos, es esencial para la construcción de una sociedad más justa e inclusiva. No sólo sirven en tiempos electorales, pues son ellos quienes tienen un vasto conocimiento de su territorio y las necesidades de su gento, lo cual los hace ser respetados y líderes de opinión validados por los vecinos.

En los sectores rurales, cuando alguien tiene un problema o se encuentra en una situación difícil, casi siempre se le avisa primero al dirigente, con el afán de ser orientador y apoyador en la resolución del conflicto. Por tanto, su rol es amplio, que no sólo lo limita a dirigir una institución.

Cuando un dirigente advierte sobre una situación en su territorio, es importante escuchar y acoger su moción, pues nadie más que ellos (nacidos y criados en el lugar) conocen en detalle lo que pasa o lo que podría afectar –o amenazar- su sector.

El fuego consumió cerca de 50 mil hectáreas en la provincia, donde no sólo arrasó con plantaciones de monocultivo, sino que también con bosque nativo, casas, animales –domésticos y silvestre- y viñas añosas, que daban vida al carignan, cepa tan preciada por quienes gustan del buen beber.

Perdida humana no hubo, pero sí una pérdida patrimonial importante, en uno de los lugares donde se atesoraba parte de la cultura campesina local. El incendio trajo la visita del Ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés Pulido, quien se reunió con algunos de los pequeños productores y pequeños empresarios viñateros, donde pudieron exponer el problema que deberán enfrentar al perder parte de sus viñas y bodegas.

En el encuentro, el ministro Valdés señaló que los productores vitivinícolas manifestaron sus demandas, además de abordar temas como el código de aguas, los subsidio de retención de empleo, entre otros temas relevantes, que le permitirá llevar tareas específicas para desarrollar. Pero el énfasis lo puso al indicar que “Cauquenes tiene un patrimonio muy particular en vinos y es un patrimonio que tenemos que cuidar”.

Palabras con sentido, las cuales a lo mejor ni siquiera se va a enterar los viñateros del Name, pues al momento de pronunciarlas el ministro en dependencias de la gobernación, la comunidad de Name, con su dirigentes y amigos del sector, iniciaron  la “operación rastrillo”, es decir con pala, rastrillo y cariño, realizaron la limpieza del lugar, para volver a iniciar el camino que les permita levantarse y la cuna donde “viven y duermen” las parras  añosas del carignan cauquenino.