Ni una menos

No es posible que una mujer, por su sola condición, sea sometida a violencia o agresiones

21 Octubre 2016   16   Editorial   Gustavo Alvarado

En Chile, una de cada tres mujeres sufre o ha sufrido algún tipo de violencia y durante el año pasado 45 perdieron la vida a manos de sus parejas. Vergonzosos datos que hablan mal de nuestro país y que en las últimas semanas se han engrosado con dramáticos casos en distintas zonas, especialmente el caso de la pequeña Florencia de Coyhaique que fue muerta de forma atroz por su padrastro.

Por ello, miles de personas salieron a la calle o adhirieron espontáneamente esta semana en las redes sociales a la campaña #Ni una menos que apunta a protestar contra la violencia machista. Esta afecta a mujeres de cualquier edad, condición económica y social y de cualquier religión. Puede ocurrir al interior de la relación de pareja, en el trabajo, en los lugares de estudio y en los espacios públicos.

Su forma más grave es el femicidio, el asesinato de una mujer realizado por quien es o ha sido su esposo o conviviente. Este delito es la forma más extrema de violencia contra las mujeres y es una muestra de que en nuestras sociedades todavía se cree que los hombres tienen derecho a controlar la libertad y la vida de las mujeres. Las penas para quienes cometen femicidio en Chile van desde los quince años y un día de cárcel hasta la cadena perpetua.

Pero, hay también otras formas de agresión a las mujeres que van desde los empujones y zamarreos, tirones de pelo, pellizcos, apretones, golpes de puño y patadas hasta los golpes con objetos. Estas agresiones pueden ser un paso previo a un femicidio.

La violencia sicológica, por ejemplo, es el intento de controlar a una mujer mediante amenazas, humillaciones y presión emocional con el propósito de hacerla sentir insegura y sin control sobre su propia vida y sus decisiones.

La violencia económica es otra faceta de este problema, puesto que se intenta controlar a la mujer a través de la entrega del dinero necesario para su mantención personal o de los hijos, o de otras personas que integran la familia. También constituye violencia económica cuando se apropian del dinero que ganó la mujer con su trabajo.

al acoso sexual que consiste en exigirle a una mujer favores sexuales a cambio de su permanencia en el trabajo o se condiciona su ascenso o cualquier mejoría laboral. También ocurre en los lugares de estudio, cuando se condicionan notas o pasar de curso a cambio de acceder a las peticiones de un profesor o director.

Y algo que hasta hace algunos años era incluso anecdótico, hoy ha adquirido otro cariz y se refiere al hecho que casi todas las mujeres, de distintas edades y condición social, han sido molestadas o agredidas en la calle, en el transporte público e incluso en su trabajo. Con el pretexto de un “piropo” o que la mujer sería atractiva se les dicen groserías, o se justifican “agarrones” y manoseos.

Estas conductas son inaceptables y deben ser condenadas unánimemente. No es posible que una mujer, por su sola condición, sea sometida a violencia o agresiones. Esta tarea nos compete a todos y es responsabilidad de cada uno colaborar en que no se repitan episodios de esta naturaleza. Debemos adherir plenamente al #Ni una menos.