Noche de paz

24 Diciembre 2017   14   Editorial   Gustavo Alvarado

Estamos llegando al final de un año que ha estado marcado tanto en nuestro país como en el mundo por profundas tensiones que han generado un clima de enfrentamiento y temor. En Chile, acabamos de concluir un proceso electoral que ha terminado de buena forma, con apego a las llamadas fórmulas republicanas y que ha dejado en evidencia el deseo del país de proseguir adelante con el desarrollo en un clima de concordia y unidad.
Son múltiples las tareas que se avecinan en 2018, partiendo por la restauración de las confianzas y la necesidad de impulsar el diálogo social para lograr entendimientos y acuerdos de fondo.
En enero estará en nuestro país el papa Francisco, quien durante tres días recorrerá diversas localidades y sostendrá encuentros masivos en Santiago, Iquique y La Araucanía. Más allá de las creencias de cada uno, se trata de una figura moral y ética de gran relevancia cuyo mensaje sin duda llamará la atención sobre aspectos de nuestra convivencia y nos permitirá reflexionar sobre el tipo de sociedad que queremos construir y legar a nuestros hijos y nietos.
Esta noche el mundo cristiano recuerda el nacimiento de un niño hace más de dos milenios en un modesto pesebre y que entregó un profundo mensaje que persiste hasta nuestros días. Un mensaje de amor, de respeto, de buena voluntad.
Cuando vemos que en la sociedad se han perdido mucho de los valores espirituales, es el momento de hacer un alto en el camino para evaluar lo que hemos hecho como personas, como familia y como comunidad.
En estos días hemos observado grandes aglomeraciones en los centros comerciales y tiendas, con una suerte de festival del consumismo. Es cierto que es hermoso regalar a los nuestros para demostrar nuestra preocupación y cariño. Pero también lo es compartir con los que más lo necesitan.
La solidaridad es un valor que muchas veces se olvida y que en noches como esta debe renacer con fuerza de la mano de aquel niño de Belén. Es importante no derrochar y hacer aspavientos con el poder material que se pueda tener. Lo verdaderamente importante es compartir con quienes lo necesitan.
Una palabra, un gesto, un abrazo son mucho más importantes para los que viven en soledad. Esta es la noche de olvidar rencores y dejar atrás el orgullo y dar el paso de llamar o visitar a aquellos que por diversas razones están alejados. Es una noche de paz, una nochebuena…