Olvidar los rencores…

Más allá del tráfago de estos días en que muchos caen en un espiral de gastos para hacer los regalos más costosos, lo importante es la oportunidad de reencontrarnos con los nuestros.

23 Diciembre 2016   15   Editorial   Gustavo Alvarado

Esta semana hemos conocido el caso de la familia talquina Estrada Pérez que logró reencontrarse tras cincuenta años de alejamiento. Los siete hermanos se separaron y en este lapso armaron sus vidas sin contacto con el resto de los integrantes del grupo.

Gracias a una gestión de la PDI se pudo realizar esta emotiva reunión en que los hermanos pudieron abrazarse de nuevo y recordar aquellas lejanas jornadas en que compartieron su niñez y adolescencia.

“Cuánto te extrañé” fue la frase más recurrente que se escuchó entre lágrimas y evocaciones.

Este caso debe servirnos de ejemplo en estos días de navidad en que el mundo recuerda el nacimiento de un niño hace más de 2 mil años en un lejano y modesto pesebre. El mensaje de ese niño Jesús debe ser un factor de unión en estas festividades, donde las familias se reúnen en torno a una mesa para compartir una cena y algunos obsequios.

Más allá del tráfago de estos días en que muchos caen en un espiral de gastos para hacer los regalos más costosos, lo importante es la oportunidad de reencontrarnos con los nuestros.

Dejemos atrás los enojos, rencores, orgullos o malos entendidos. Llamemos o vayamos a ver a quienes hemos olvidado o dejado de lado.

Es la oportunidad de compartir. Hagámonos un tiempo y salgamos a buscar a quienes en verdad necesitan de un abrazo fraterno o de alguien con quien mitigar la soledad y el abandono.

El mejor regalo que nos podemos hacer es justamente entregar una sonrisa, un obsequio y un sentimiento a quienes no lo pasan bien por diversas razones.

Hay ancianos, niños y enfermos que en noches como esta sienten todo el peso del mundo sobre sus cansados hombros. Mitiguemos su tristeza con un acto de generosidad que no sólo debe estar circunscrito a un día en el año, sino que este debe ser el inicio de un nuevo propósito o misión que nos impulse durante todo el 2017.

No hay tarea que brinde más alegría al espíritu que entregarse a los demás. Ojalá podamos ser seguidores de ese niño y nos dediquemos a los más pobres, a los más necesitados, a quienes requieren de una mano abierta para seguir adelante. Ese es el mensaje que nos trajo hace más de 2 mil años ese pequeño que nació tan lejos, pero a la vez, tan cerca de nuestros corazones.