Paula Díaz y la ley de eutanasia

¿La muerte digna es un derecho? Sin duda que sí. Y lo más importante es que ese derecho se respete y sea reconocido por nuestra legislación

22 Enero   20   Editorial   Gustavo Alvarado

Apenas 20 años tenía Paula Díaz y su fallecimiento, registrado en las últimas horas, tendrá impacto decisivo en una discusión pública respecto a la eutanasia que ahora podría tener un impulso decisivo, por cuanto el país se encuentra preparado para discutir estos temas que, si bien son excepcionales, igualmente deben ser abordados por las sociedades modernas.
¿La muerte digna es un derecho? Sin duda que sí. Al igual como las personas pueden exigir que se respete su dercho fundametal a la vida, también pueden decidir que sus días han terminado y, de manera consciente y reflexiva, optar por un fallecimiento controlado bajo supervisión médica. Todo ello, por supuesto, previa aceptación de la familia más cercana o bien de quienes la han acompañado en sus últimos días, especialmente, para casos de posible abandono.
La ciudadanía lo comprende así y, más allá de consideraciones religiosas, la ciencia ha establecido que la interacción social es justamente uno de los pilares de la vida de un ser humano. Ello ocurre actualmente, cuando personas que se encuentran bajo enfermedades graves, pueden pedir a través de sus familiares no ser objeto de resucitación mecánica si dejan de respirar. De cierta forma, ello equivale a aceptar la muerte.
Y no podría ser distinto si se trata de una joven que, además, tomó la decisión con apoyo de su familia. La sociedad no puede hacer oídos sordos a las exigencia que nos ponen estos casos, mucho menos, el mundo político, encargado de transformar en ley estas temáticas y de discutirlos en instancias democráticas, como representantes de la ciudadanía.
Pero ocurre que igualmente las cosas no avanzan. A la fecha, el proyecto de ley de eutanasia se encuentra paralizado debido a otras prioridades legislativas, por lo cual, sólo se podría retomar su tramitación en marzo próximo. En el intertanto, podrían haber muchos otros casos de personas que, al igual que Paula, exigen que se les reconozca su derecho a decidir.
La opinión pública no puede menos que observar con severidad que estos temsa deben estar en la agenda legilativa, con prioridad importante. Todos, en algun momento, nos podríamos ver enfrentados a tomar una decisión similar, ya sea para nosotros, nuestros padres o nuestros hijos. Y si ello ocurriera, es nuestro derecho exigir que se respeten las decisiones que tomamos de manera consciente e informada.
Es de esperar que el caso de Paula Díaz remezca consciencias de quienes tienen poder para tomar decisiones y que se transforme en ley. Ello significaría un importante avance en nuestro desarrollo como sociedad, porque se podría ayudar a quienes más sufren y a sus seres queridos.