Presidio perpetuo para “La Madrastra”

¿Se pudo haber evitado esta tragedia si en su momento las instituciones donde fueron ingresadas denuncias de maltratos sobre el pequeño Ángel hubiesen tomado medidas más extremas?

04 Octubre 2016   3   Editorial   Gustavo Alvarado

Si bien quienes representan a la ahora sentenciada aún están a tiempo de presentar un recurso de nulidad, con el anuncio de la pena que deberá cumplir, Vanessa Trigari por su responsabilidad en la muerte de su hijastro, Ángel Márquez, finaliza un capítulo de una triste historia, cuyo interés traspasó las fronteras de la región del Maule.

En definitiva, el Tribunal Oral en lo Penal de Curicó estableció una pena de presidio perpetuo simple sobre la mujer de 29 años, lo que en estricto rigor implica “cárcel de por vida”, con la salvedad que trascurridos 20 años podrá solicitar algún tipo de beneficio intrapenitenciario, que en el papel le permitiría recuperar su libertad.

Cabe recordar que la fiscalía había planteado con antelación que el citado tribunal estableciera una pena de presidio perpetuo calificado, donde la opción de recurrir a algún beneficio se abre solo después de transcurridos 40 años.

Debido que a la fecha de la lectura de la sentencia, Trigari ya acumulaba 380 días privada de libertad, relacionados al cumplimiento de la medida cautelar de prisión preventiva, aquella cifra se descontará de la pena ya indicada.

Tal como ocurrió en la anterior audiencia donde Trigari fue encontrada culpable del homicidio de Ángel Márquez, al momento que el tribunal dio a conocer la aludida pena un grupo de madres que integran organizaciones que están en contra de la violencia infantil manifestaron  esta vez su satisfacción por la condena establecida por la justicia.

Son ellas las que esperan que la muerte del pequeño Ángel no pase en vano, por lo que tarde o temprano confían que puedan plasmarse una serie de puntos en una ley que permita resguardar con mayor fuerza la integridad de los menores que podrían verse expuestos a escenarios de vulneración.

A más de un año de que el país se sobrecogiera con este caso, cabe hacerse la legítima pregunta: ¿Se pudo haber evitado esta tragedia si en su momento las instituciones donde fueron ingresadas denuncias de maltratos sobre el pequeño Ángel hubiesen tomado medidas más extremas? Tal como en otras oportunidades, las herramientas de protección para impedir abusos en menores volvieron a ser cuestionadas respecto a su real aporte o función.

Vale esperar que el desamparo que vivió este pequeño (con reiterados episodios de violencia en su contra y desnutrición) no sea en vano y que una situación tan atroz y repudiable como la ocurrida en Molina, no se repita en ningún lugar de nuestro territorio.