Prevención del bullying

Es tarea de todo colaborar en prevenir el sufrimiento de una pequeña víctima.

27 Mayo   248   Editorial   Gustavo Alvarado

Hace pocos días se cumplió un año de la partida de Katherine Winter (16), la adolescente santiaguina que se quitó la vida porque no soportó el sufrimiento que le provocaba el acoso virtual escolar.


Los padres, tras su dramático deceso, iniciaron una fuerte campaña de prevención, una cruzada anti bullying, por lo cual se les ha visto entregando su valioso testimonio en programas de televisión y también en las redes sociales, principal fuente utilizada por los propios acosadores.


Así como Katherine, una joven radiante y con muchas aptitudes, cuántos menores y jóvenes más estarán pasando por lo mismo, es decir, viviendo en silencio el martirio de lo que significa ser insultados, menospreciados, amenazados, hasta que consideran que ya no es posible seguir viviendo.


Ante esto, valorables –pero aún insuficientes- son las diversas instancias de prevención que están desarrollando constantemente las policías, los propios establecimientos educacionales, las universidades y el avance que está teniendo la iniciativa legislativa en el Congreso.


En esta línea, hasta el 17 de junio la Comisión de Educación del Senado recibirá las indicaciones para el proyecto, en segundo trámite constitucional, que modifica la ley N° 20.370 para incorporar la prevención del bullying o acoso virtual escolar y aumentar así la sanción a las infracciones, proyecto que fue respaldado por unanimidad por los senadores.


Si bien este es un significativo avance, la comunicación en el seno familiar es lo principal, sobre todo en esta sociedad donde los niños cuentan con un celular, y que están a merced de personas sin criterio, que los pueden obligar a cometer actos que afectan su propia integridad.


La labor que deben cumplir los propios profesores, la comunidad escolar es muy relevante igual, porque el bullying presenta en sus inicios pequeños síntomas, que van mermando la personalidad y el rendimiento de la pequeña víctima cada vez más de no ser enfrentada. Detectarlos, a nuestro juicio, es responsabilidad de todos.


Sencillo es reaccionar a hechos tan terribles como el suicidio de una adolescente, pero y qué tal si asumimos que el problema existe y que nadie está libre para trabajar de forma eficaz en prevención.

Somos adultos, se supone que tenemos mayor capacidad para encontrar soluciones y consensos. Es tarea de todo colaborar en prevenir el sufrimiento de una pequeña víctima.