¿Quién se hace cargo de Diógenes?

Los municipios habitualmente realizan las gestiones de rigor en diversos frentes, para abordar una problemática que no es menor y que requiere de atención multisectorial

23 Enero 2018   4   Editorial   Gustavo Alvarado

El jueves pasado, en la zona norte de la ciudad de Curicó, se registró un violento incendio que inusualmente requirió la asistencia de una decena de carros de bomberos, vehículos aljibe, y hasta un helicóptero de la Conaf, todo ello para enfrentar el voraz siniestro que tuvo su escenario en una pequeña casa de población, que en condiciones normales hubiera sido apagado en cosa de algunos minutos o, a lo sumo, en un par de horas.
Sin embargo, la extinción total de las llamas no fue posible, y aun hasta el fin de semana surgían rebrotes desde el patio de la vivienda. A medida que los voluntarios de Bomberos se abrían paso, fue quedando al descubierto no solo el origen y el combustible del incendio, también develó los efectos de una situación que muchas veces, intramuros vive cerca, a metros de nuestras propias viviendas, y que silenciosamente se arma con una bomba de tiempo.
Se trata de Diógenes, el mal de Diógenes, que en este caso se tradujo en que un vecino, de solo 35 años, que acostumbraba a salir de noche, y con los años acumular toneladas y toneladas de desechos, que solo podría ser calificado como impresionante. Ante ello, la comunidad, en especial los vecinos, colocaron sobre la mesa varias interrogantes que, reconocen las autoridades, son complejas de responderlas en forma directa.
Por sí sola la situación de cualquier vecino que padezca el Mal de Diógenes ya es una interrogante. También el establecer quién se hace cargo de la derivación médica del mismo o de su tratamiento. Los vecinos también preguntan: ¿Quién limpia (sacar) los “bienes” acumulados de estas personas?, o ¿cómo se debe intervenir en una propiedad privada en que se han juntado estos “enseres”?, que en concreto se trata de desechos y basuras.
La situación se torna más compleja, y que es casi siempre, en que los propios afectados por esta enfermedad no reconocen que la padecen, y por ello se oponen a cualquier acción que, primero vayan a dejarlo en tratamiento médico; y segundo, se niegan con violencia a veces, que se apliquen medidas en torno a sus “bienes” acumulados, que en el caso de Curicó constituyen sorprendentemente varias toneladas, aún imposibles de cuantificar.
Ante casos como el mencionado, los municipios habitualmente realizan las gestiones de rigor en diversos frentes, para abordar una problemática que no es menor, y que requiere de atención multisectorial, sin duda.
Insólitamente, esta enfermedad, de Diógenes, adopta el nombre de un filósofo griego que profesaba un pensamiento todo lo contrario a la acumulación de elementos. De hecho vivía desnudo, en un barril, sin más que su persona, otra interrogante más que plantea este estado siquiátrico, este trastorno obsesivo compulsivo, el que es más frecuente y presente de lo que se pudiera pensar, y que se da silenciosamente intramuros, en la propiedad privada, muchas veces cerca, muy cerca de nosotros.