Recambio en el Alto Mando

Una entidad con la tradición del Ejército, requiere, al igual que el resto de las Fuerzas Armadas y de Orden, de un actuar ético y profesional que la haga merecedora de la confianza ciudadana.

11 Noviembre 2018   4   Editorial   Gustavo Alvarado

“Sería injusto deducir que todos están involucrados”, dijo el ministro de Defensa, Alberto Espina, al contextualizar el llamado a retiro de 21 generales del Alto Mando del Ejército con el proceso que indaga la ministra Romy Rutherford en el denominado “caso pasajes”.
Atendible la acotación del ministro Espina, porque, claro, no es bueno “meter a todos en el mismo saco”. Lo que se argumenta para la compleja situación que vive otra institución de las Fuerzas Armadas y de Orden, como Carabineros, también es válida para el Ejército, en cuanto a que, en el fondo, las instituciones están por sobre las personas que comenten actos ilícitos.
En consecuencia, el Ejército, con toda su tradición histórica, debería ser capaz de sobreponerse a los complicados tiempos que vive, con casos en donde la palabra corrupción se ha instalado como una espada de Damocles sobre su credibilidad ante la ciudadanía.
Pero para alcanzar dicho objetivo hay que tomar decisiones y buenas decisiones. Por una parte, hay que dejar que actúen las instituciones pertinentes, aunque cabe consignar que hubo señales que, en su momento, merecieron una mejor reacción de parte de las autoridades, como cuando Contraloría detectó irregularidades en el proceso de compra de pasajes al interior del Ejército.
Sin embargo, lo fundamental es que el mismo Ejército, su Alto Mando, analice las situaciones irregulares, reconozca los delitos y corrija su comportamiento.
Porque una entidad con la tradición del Ejército, que vivió tiempos oscuros durante la dictadura y que comenzaba a reinsertarse en su rol institucional dentro del sistema democrático, requiere, al igual que el resto de las Fuerzas Armadas y de Orden, de un actuar ético y profesional que la haga merecedora de la confianza ciudadana.
En este contexto, entonces, lo que realmente sería injusto es que el Ejército pierda esta oportunidad para enmendar el rumbo, para hacer lo correcto y volver a valorar la importancia del comportamiento ético. Y la renovación del Alto Mando, avalada por el Gobierno, es una opción que debe ser aprovechada.
El Ejército de Chile se lo merece. Chile se lo merece.