Reflexiones en Semana Santa

Cuando Herodes interrogó a Jesucristo, éste último guardó silencio. El mismo silencio que mantuvo mientras estaba en la cruz. Una acción que la Iglesia Católica también ha repetido. Guardó silencio ante los abusos.

19 Abril   67   Editorial   Gustavo Alvarado

El mundo católico está inmerso en estos días en la profunda reflexión en torno a la pasión, muerte y resurrección de Cristo, acto que es considerado como la acción por la cual él da su vida por todos nosotros.
Es la invitación que se hace a todos por igual, a entender el sentido de las enseñanzas que el llamado hijo de Dios dejó para el mundo. Es el momento donde el cristianismo recuerda el sacrificio, pero abre las esperanzas en la resurrección. Sin duda un momento especial para aquella institucionalidad que, precisamente y hasta paradojalmente para algunos-, nos invita a vivir este momento.
¡Cuánta similitud podremos encontrar entre este trascendental pasaje religioso y lo que hoy sucede con la Iglesia Católica!
Estamos en presencia de una institucionalidad religiosa viviendo su propio Via Crucis, cargando una pesada cruz de escándalos por abusos sexuales, pero a la vez esperanzada en la resurrección de su esencia fundamental.
Cuando Herodes interrogó a Jesucristo, éste último guardó silencio. El mismo silencio que mantuvo mientras estaba en la cruz. Una acción que la Iglesia Católica también ha repetido. Guardó silencio ante los abusos. Luego, se hizo cómplice con ello y siguió guardando silencio cuando las pruebas se hicieron evidentes y todo había salido a la luz pública.
Y sigue haciéndolo ahora. El informe del obispo Charles Scicluna, que documenta los casos de abusos sexuales recogidos, solo será abierto para casos específicos y si la justicia lo requiriera, es decir, montando nuevamente un manto de hermetismo sobre el mayor escándalo ocurrido al amparo de la institucionalidad religiosa. Que nadie sepa cuántos fueron ni cómo sucedieron, solo si la justicia lo pide.
Por esto y por otros motivos más, la Iglesia Católica, la misma que públicamente ha dicho, en voz del Papa Francisco, que tomará “todas las medidas posibles para que tales crímenes no se repitan. Que la Iglesia vuelva ser creíble y confiable”, es la que deberá más que nunca vivir este proceso de reflexión, de volver a encontrar el sentido de las enseñanzas que Jesucristo dejó y que se profesa en sus templos, para resucitar desde este oscuro momento.