Sabores a menos de 100 kilómetros

La Región del Maule es perfecta para impulsar el “Slow Food”. Hay diversidad de productos, existe una cultura gastronómica reconocible, y posee una infraestructura turística y organizacional –a nivel público y privado- que debiera facilitar el desarrollo de este concepto.

21 Noviembre 2016   4   Editorial   Gustavo Alvarado

En 1986 el italiano Carlo Petrini creó el movimiento “Slow Food”, una forma distinta de entender la gastronomía. Un concepto ecológico que apostaba a evitar las largas cadenas de comercialización de los productos, lo que los hacía más caros y perjudicaba económicamente a sus productores.

Este concepto se propagó por el mundo y hoy tiene presencia en más de 150 naciones. Y Chile, claro, no es la excepción. Acá llegó el 2014 y al año siguiente 32 restaurantes de Santiago se certificaron en esta línea, en una iniciativa denominada 100K, impulsada por la Asociación Chilena de Chefs (Acchef).

El paso siguiente fue expandir el proyecto a regiones y la elección de la zona recayó en la Región del Maule. El encargado de proyectos de la Acchef, Hugo Córdova, explica esta decisión de manera bastante gráfica. El Maule, dice, “es un país en sí mismo. Hay cordillera, valle central, mar, nieve, cocina de campo y, además, es la principal productora de vinos del país. Es turismo de aventura, alojamiento, gastronomía, vinos”.

Evidente. La Región del Maule es perfecta para impulsar el “Slow Food”. Hay diversidad de productos, existe una cultura gastronómica reconocible, y posee una infraestructura turística y organizacional –a nivel público y privado- que debiera facilitar el desarrollo de este concepto.

La idea fuerza de esta iniciativa la resume Osvaldo Poblete, coordinador del proyecto 100K: “La gastronomía puede ser sustentable, generando un plato que esté elaborado con productos que provengan de un radio que no supere los 100 kilómetros a la redonda”.

Así, la costa y la precordillera maulina se muestran como un territorio, por sus características naturales y distancia, ideal para que productores, empresarios gastronómicos y turísticos, además de entidades de gobierno, se relacionen en armonía para lograr desarrollar una cocina “Slow Food”.

En concreto, 29 restaurantes y establecimientos de venta de comida de la región se sumaron a este movimiento, aceptando el desafío de tener en su carta por lo menos un plato en el que el 50% o más de sus ingredientes fuera adquirido en ese radio de 100 kilómetros. Al certificar esta condición, obtienen un sello que los distingue de sus pares.

Estos 29 socios pueden entonces generar una cocina con identidad local que cumple con los tres elementos de la sustentabilidad: cuidado de los recursos naturales, vínculo con las comunidades del entorno y rentabilidad económica.

Un proyecto integrador que, a la luz de las ventajas comparativas que ofrece el Maule, tiene las mejores opciones de éxito.