Sanción para las “fake news”

(...) las fake news son manifestación de la manipulación emocional de las audiencias, apelando a las emociones y no a la racionalidad del público.

12 Febrero   14   Editorial   Gustavo Alvarado

En la era de las redes sociales y la proliferación información sin el debido rigor de comprobación de veracidad, las llamadas “fake news” se han convertido en casi un nuevo paradigma en el ruido de la información.
Ejemplos de esto, en el último tiempo, hay mucho. Basta recordar lo que ocurrió para los incendios forestales del 2017, donde circuló como cierto una cantidad no menor de teorías del por qué del origen del fuego. Obviamente, muchos las creyeron y hasta el día las sostienen como ciertas, pese a que nunca se pudieron comprobar. Ya para el terremoto del 2010, el anuncio de la “gran réplica” amenazaba a los ya alterados ánimos de la población afectada. Pero el fenómeno llegó a la esfera política y parece que ahí se salió de control y hoy en las redes sociales, como si nada, se permite publicar noticias de dudoso contenido con el fin de menoscabar a quien se considera enemigo político. Y hace poco en nuestra región, una encuesta política publicada en medios digitales, fue desmentida por la casa de estudios superiores que supuestamente la había realizado. Allí, se falseó hasta el logo de la institución y nunca se supo si esos resultados eran verídicos o no.
Y cuando las cosas parecieran escaparse de las manos, llega la hora de poner atajos mediante las sanciones. Eso es lo que se pretende hacer en nuestro país, mediante el proyecto de reforma constitucional que establece la cesación en los cargos de Presidente de la República, senador, diputado, consejero regional, alcalde y concejal por la difusión, promoción o financiamiento de noticias falsas.
De esta manera, se busca que “se sancione una nueva y nefasta forma de hacer política, que es manifestación del populismo y que avanza en Latinoamérica mediante distintas modalidades, incluso utilizando big data, es decir, investigando las preferencias de los usurarios de redes sociales, para luego difundir mentiras y destruir con estas malas artes las candidaturas de sus contendores, su imagen, su prestigio”, señala el contenido del proyecto.
El texto legal pone como antecedentes la realidad mundial y su legislación, además de estudios, como el de la Revista Science, que publicó la investigación de los profesores del Instituto Tecnológico de Massachusetts, quienes analizaron 126 mil historias difundidas en Twitter entre 2006 y 2017, con más de 4,5 millones de tuits de unos 3 millones de personas.
La conclusión fue relevante, “la falsedad se difunde significativamente más lejos, más rápido, más profunda y más ampliamente que la verdad en todas las categorías de información, y los efectos fueron más pronunciados para noticias políticas falsas (…)”.
Por tanto, se apuesta a que las fake news son manifestación de la manipulación emocional de las audiencias, apelando a las emociones y no a la racionalidad del público. Por ello son tan efectivas y permiten imponer una mentira o post verdad.