Ser feliz

Llegamos a un punto central de la propuesta en torno a esta “Encuesta de la Felicidad”. Hacer no solo objetivo un concepto que suele escabullirse de los marcos teóricos, sino que, fundamentalmente, utilizarlo para mejorar la vida de las personas.

06 Noviembre 2017   14   Editorial   Gustavo Alvarado

La felicidad no se mide, se siente. Sí, es cierto, el concepto de felicidad tiene una connotación subjetiva que alienta las caricaturas.

Ser feliz varía de persona a persona. Lo que hace feliz a Pedro no es lo mismo que hace feliz a Juan, ni a Diego.

Se puede ser feliz con bienestar económico. O con una conversación en una plaza. Ser feliz viajando. O celebrando el triunfo del equipo favorito. Algunos dicen que hay que aspirar a momentos de felicidad y no a una, idealmente y por ideal, utópica, vida feliz.

El asunto es que, por este carácter voluble, la felicidad suele subvalorarse. Se le arrincona en columnas en primera persona, en novelas y ensayos, despojándola de un modelo práctico que permita conceptualizarla, volverla un aliado, por ejemplo, del desarrollo de la sociedad.

Sin embargo, hay intentos por darle cierto marco conceptual. Como el proyecto desarrollado por la Fundación Urbanismo Social, en conjunto con la Universidad de Santiago de Chile, de una “Encuesta de la Felicidad”, instrumento que busca recopilar información de elementos subjetivos, como el bienestar de las personas en los barrios o la confianza a los vecinos, y transformarlos en cifras porcentuales.

Se trata de una encuesta de 55 preguntas con ítems numéricos para las respuestas, con temas como participación, espacio urbano y caracterización.

Rodrigo Hernández, coordinador regional de la Fundación Urbanismo Social, considera que este instrumento podría convertirse en un insumo para otras organizaciones y autoridades al momento de realizar políticas públicas.

Llegamos a un punto central de la propuesta en torno a esta “Encuesta de la Felicidad”. Hacer no solo objetivo un concepto que suele escabullirse de los marcos teóricos, sino que, fundamentalmente, utilizarlo para mejorar la vida de las personas. Ese es el propósito planteado por la Fundación Urbanismo Social.

Y para eso es necesario que las autoridades se informen de las cualidades, condiciones y proyecciones de este instrumento. Que logren valorar su significado y las consecuencias que traería su uso en las políticas públicas.

No se trata entonces de un concepto puramente circunstancial y subjetivo. La felicidad no es poesía. La felicidad es tan real como un buen vecino o un barrio acogedor y solidario.