Situación de inmigrantes

Chile está en deuda con este tema y no es aventurado señalar que no estamos preparados para la ola migratoria que se está generando y que podría incluso crecer en los próximos años.

25 Noviembre 2016   3   Editorial   Gustavo Alvarado

Esta semana se ha conocido la situación que afecta a más de una treintena de haitianos, quienes laboraban como temporeros en una empresa maulina recolectando peras y manzanas. Estas personas no contaban con visas de trabajo, sus contratos no estaban regularizados y vivían en precarias condiciones.

Nuestro país se ha convertido en los últimos años en destino de inmigrantes de diversas nacionalidades que llegan a nuestro país atraídos por la estabilidad y las escasas perspectivas en sus respectivas naciones. Aquí se hacen cargo de labores que requieren de baja capacitación y, por lo tanto, reciben también bajos salarios.

Se trata, en todo caso, de ingresos que son muy superiores a los de sus países de origen y se manifiestan contentos por esta oportunidad.

Sin embargo, ello abre espacio a inescrupulosos que se aprovechan de la vulnerabilidad de estas personas y no cumplen con los estándares mínimos fijados en nuestro país. Es, por ejemplo, lo que ocurría en el packing de Longaví donde vivían en un recinto construido por ellos mismos y que no tenía las condiciones de habitabilidad requeridos por la legislación vigente.

En 1990 la Asamblea General de la ONU aprobó la Convención Internacional sobre la Protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares. Este documento, a su vez, responde a una ya larga postura de este organismo en el sentido de reconocer y resguardar los derechos de las personas que se trasladan, por diversas razones, de un país a otro.

Chile está en deuda con este tema y no es aventurado señalar que no estamos preparados para la ola migratoria que se está generando y que podría incluso crecer en los próximos años.

Si bien la migración puede reportar para el país receptor innumerables beneficios, también puede generar consecuencias negativas. Esto es lo que acontece en materia de migración irregular, que, en la mayoría de los casos, replica las condiciones que gestaron la emigración, a saber, la falta de un trabajo decente, explotación, discriminación o xenofobia.

Ello supone un desafío que nuestro país no puede eludir. Empero, es también indispensable un cambio cultural de parte de la sociedad civil que internalice los beneficios de la diversidad en todo su esplendor, de modo que la sociedad, en todos sus frentes, esté debidamente integrada.

Este es un fenómeno que llegó para quedarse por lo que resulta imperativo adoptar las medidas legales y sociales que busquen incorporar a quienes llegan buscando mejores horizontes para sus familias y a aportar al desarrollo de nuestra país.