Solidaridad y coordinación

Es evidente, en una emergencia de esta envergadura, que una buena coordinación es fundamental para optimizar los recursos que permitan, por una parte, controlar los focos de fuego y, por otra, apoyar a los afectados.

28 Enero 2017   9   Editorial   Gustavo Alvarado

Ha sido una semana terrible para miles de maulinos. El fuego, iniciado accidental o intencionalmente por el hombre –con motivos que deben ser esclarecidos por la Justicia- y azuzado por condiciones de temperatura, humedad y viento, se esparció, simultáneamente, por diferentes zonas de la región, en una ruta de angustia, horror y muerte.

A mitad de semana se vivió lo peor. Llamas sin control que rodeaban sectores poblados, bosques y matorrales arrasados a una velocidad inaudita y muertos. Un bombero, dos carabineros y un agricultor en busca de sus animales, estuvieron  entre las víctimas fatales.

Ahora, gracias al titánico combate de brigadistas, bomberos, pobladores afectados y ciudadanos solidarios, todos apoyados por aviones y helicópteros –con especial mención para el “súper avión”- los incendios han ido cediendo, aunque no se puede aún cantar victoria.

Las condiciones climáticas son veleidosas. A veces el fuego se extingue o parece que se extingue, sin embargo, el viento y un alza en las temperaturas pueden reavivar las llamas. Entonces, hay que esperar. Y seguir con trabajando en el combate de los focos de incendio.

Una labor que empieza a contar con el apoyo solidario de países vecinos, con el arribo de brigadistas y medios técnicos. Al Maule llegaron brigadistas peruanos que ya están en terreno apoyando las labores de sus colegas chilenos.

A eso se suma la llegada de un avión ruso, de características similares al “Súpertanker”, aunque de menor capacidad de almacenaje de agua, lo que permitirá una mejor distribución de los esfuerzos por controlar los siniestros en las regiones afectadas.

Superadas las dudas iniciales en cuanto a la adaptabilidad de este tipo de aeronaves a la realidad de los incendios forestales en Chile, todo se concentra en la buena coordinación que deben realizar las autoridades.

Es evidente, en una emergencia de esta envergadura, que una buena coordinación es fundamental para optimizar los recursos que permitan, por una parte, controlar los focos de fuego y, por otra, apoyar a los afectados. Todas tareas relevantes y que requieren de esfuerzo y profesionalismo.

Aunque aún falta mucho para que la situación se normalice, se requiere, desde este momento, un trabajo coordinado entre las diferentes entidades –públicas, privadas, internacionales- que están participando de la emergencia.

Una labor que debe incluir, además, el aporte solidario de la ciudadanía que, en el caso del Maule, se volcó en masa a apoyar la tragedia que afectó al sector de Santa Olga en Constitución. Porque no hay que olvidar que hay muchas otras localidades o sectores afectados, con habitantes que necesitan ayuda.

La solidaridad necesita coordinación.