Televisión Nacional

Sería positivo que en la discusión que se lleva en el Senado se hable sobre la televisión regional y se establezcan mecanismos de financiamiento.

31 Octubre 2017   9   Editorial   Gustavo Alvarado

Por estos días se discute en el Parlamento una capitalización extraordinaria para Televisión Nacional equivalente a 47 millones de dólares, los que serían invertidos en la adquisición de equipamiento técnico para modernizar las emisiones y ponerse a tono con el nuevo formato de televisión digital que entrará en vigor en el país en un par de años.

Ello ha dado pábulo a un análisis en profundidad sobre el rol de la televisión pública en la promoción de cultura cívica, los valores democráticos, la descentralización y la cultura.

El debate no ha estado exento de duras críticas a la gestión del canal estatal que ha tenido creciente pérdidas desde 2014, las que alcanzan a miles de millones de pesos.

El escenario actual de la industria de la televisión abierta en Chile atraviesa por una compleja situación, con la irrupción de nuevas plataformas tecnológicas, la baja de la inversión publicitaria y los cambios de hábitos de la población. Este negativo panorama afecta transversalmente a la industria, pero con particular dureza al canal público que exhibe peores cifras que sus congéneres.

Mucho se ha hablado sobre la necesidad de establecer un canal público y cultural que entregue contenidos de calidad que se diferencien de las actuales programaciones. Para ello se apunta a modelos exitosos en Gran Bretaña y otros países europeos.

Lo cierto es que en Chile estamos lejos de ese estándar y hay todavía mucho camino para recorrer en la senda de una televisión realmente de calidad y que sea un aporte cultural y científico.

Sin embargo, la inyección de estos 47 millones de dólares a TVN aparece como desproporcionada, ya que más bien parece ser un salvataje para equilibrar la mala gestión y pagar deudas, más que para avanzar en este proyecto.

Sin duda, aparece también como injusto cuando se observan las difíciles situaciones que enfrenten decenas de pequeños canales regionales que luchan día a día por la identidad regional y entregar contenidos cercanos y útiles para sus comunidades. Se trata de un esfuerzo denodado que no cuenta con ningún apoyo por parte del Estado. Pareciera que la televisión regional no existe.

Por esta razón, sería positivo que en la discusión que se lleva en el Senado se hable sobre la televisión regional y se establezcan mecanismos de financiamiento.

No se habla de dádivas, sino que de acceso justo y equitativo al avisaje estatal. También de una especie de ley espejo, que así como considera recursos para Televisión Nacional, también lo haga para la televisión regional. De esta manera, se podría equilibrar un poco la cancha para descentralizar también la televisión.