Tercera edad

Lamentablemente, son centenares de miles los ancianos que viven o malviven en condiciones de abandono sin prácticamente ningún tipo de asistencia.

01 Octubre 2016   7   Editorial   Gustavo Alvarado

En los tiempos actuales, llegar a la vejez ya no es sinónimo de ancianos relegados a vivir sus últimos años en soledad, encierro y dejación. La población de adultos mayores de hoy se mantiene más activa, con mayor vitalidad y dispuesta a disfrutar de una etapa donde se han completado todos los ciclos importantes de la vida.

Más aun, se calcula que en seis años la población de mayores de 60 años superará a la de menos de 15 años. Es decir, en el país habrá más ancianos que niños.

El llamado Indice de Adultos Mayores (cuántos mayores de  60 años hay por cada 100 menores de 15 años) para 2022 será 103, es decir por cada 100 menores de 15 años habrán 103 personas de 60 años o más. Hoy la cifra es de 73,09.

En este sentido, hay dos etapas que se incluyen en este concepto; la tercera edad, que comprende de los 60 a 79 años y la cuarta edad que va desde los 80 años

Esta situación plantea tremendos desafíos en todos los ámbitos de la sociedad y requiere que el país enfrente esta nueva realidad con políticas públicas que se hagan cargo de este fenómeno.

De hecho, la esperanza de vida ha crecido enormemente lo que implica que es necesario no solo de preocuparse de las jubilaciones, sino también de preparar hospitales y especialistas en envejecimiento o geriatría.

En la actualidad se estima que hay dos millones 600 mil adultos mayores en Chile, el doble de hace unos 20 años.

Lamentablemente, son centenares de miles los ancianos que viven o malviven en condiciones de abandono sin prácticamente ningún tipo de asistencia. La impactante muerte de dos ancianos hace pocas semanas en San Clemente es un llamado de atención hacia la ancianidad desvalida.

Aquí la responsabilidad recae en sus hijos, nietos y familiares que, muchas veces, abandonan y olvidan a sus adultos mayores pasando por alto el esfuerzo, dedicación y afecto que tuvieron ellos.

Es deber nuestro retribuir a nuestros padres y abuelos lo mucho que nos entregaron.

La autoridad debe, entonces, suplir estas carencias y desarrollar planes y programas destinados a rescatar a quienes se encuentran en malas condiciones. Nuestro país envejece rápidamente, por lo que hay que ahondar el trabajo en esta área.