Tomar conciencia

Es la ocasión propicia también para detenerse a meditar sobre lo que somos

31 Marzo 2018   12   Editorial   Gustavo Alvarado

Durante la tarde de ayer se efectuaron diversos Vía Crucis por las calles de nuestra región, jornadas en las que los fieles siguieron paso a paso el calvario de Jesucristo y en cada una de las 14 estaciones reflexionaron sobre el significado de ese sacrificio y las profundas implicancias éticas y morales que tal acto ha tenido en la historia.
Era la ocasión propicia también para detenerse a meditar sobre lo que somos, lo que queremos y el compromiso que tenemos con los más necesitados, tanto material como espiritualmente.
Hay en la actualidad múltiples temas que interpelan a los creyentes y no creyentes, sobre el valor de la vida humana, sobre su espiritualidad y el sentido de cada uno de nuestros actos.
El papa Francisco siguió en Roma el recorrido de la cruz y pronunció una oración en la que invocó a Cristo: “Nuestra mirada está dirigida a ti, llena de vergüenza, arrepentimiento y esperanza”.
“Vergüenza porque nuestras generaciones están dejando a los jóvenes un mundo fracturado por las divisiones y las guerras; un mundo devorado por el egoísmo donde los jóvenes, los débiles, los enfermos y los ancianos son marginados”, denunció el pontífice.
También expresó su vergüenza “porque muchas personas, incluso algunos ministros de la Iglesia, se hayan dejado engañar por la ambición y la vanagloria, perdiendo su dignidad y su primer amor”.
Francisco también destacó el arrepentimiento “que nace de la certeza” de que solo Jesús “puede salvar del mal” y curar a los hombres y mujeres “de la lacra del odio, del egoísmo, la soberbia, la avidez, la venganza, la codicia y la idolatría”.
Pero, tras la vergüenza y el arrepentimiento, el papa destacó “la esperanza” de que el mensaje cristiano “continúa inspirando, aún en la actualidad, a muchas personas y pueblos y que solo el bien puede derrotar al mal, solo el perdón puede abatir el rencor”.
Y recordó que, movidos por su fe, “muchos misioneros y misioneras continúan, aún hoy, retando a la adormecida conciencia de la humanidad arriesgando la vida para servir a los pobres, en los descartados, inmigrantes, invisibles, abusados, famélicos y presos”.
Defendió la esperanza porque la Iglesia de Jesús, “santa y hecha de pecadores, continúa, todavía ahora, y a pesar de todos los intentos por desacreditarla, siendo una luz que ilumina y alivia”.
Sentidas palabras que deben hacer eco en la sociedad que nos ha tocado vivir y que más allá de las posiciones religiosas, filosóficas o ideológicas deben impulsarnos en la construcción de un mundo mejor.