Un ejemplo de luz

En su breve paso por esta tierra nos legó una sonrisa y un sentimiento de alegría que nos demuestra que es posible superar las limitaciones con que la vida nos pone a prueba.

07 Junio 2017   7   Editorial   Gustavo Alvarado

De vez en cuando los seres humanos tenemos la oportunidad de rozar la eternidad y ser testigos –aunque lejanos- de hechos que van más allá de lo normal y que se convierten en un ejemplo para muchos.

Es el caso del pequeño Rodrigo, quien en su breve paso por esta tierra nos legó una sonrisa y un sentimiento de alegría que nos demuestra que es posible superar las limitaciones con que la vida nos pone a prueba.

Este niño nació con la enfermedad de Werdnig Hoffman, más conocida como atrofia muscular espinal, mal que tiene un dudoso pronóstico de sobrevida. Seguramente por ello, fue abandonado en el Hospital Regional de Talca, donde pasó sus primeros 8 años de vida.

Allí celebró junto a enfermeras, paramédicos y trabajadores de ese centro asistencial sus cumpleaños, días del niño, navidades y otras festividades.

Fue también el lugar donde junto con ganarse el cariño de todos, encontró una madre que tenía un inmenso corazón y que vio en él a otro hijo. Lo llevó a su casa, lo adoptó oficialmente y junto a su familia le brindó un hogar cálido y lleno de amor.

Para Ana Villar, “él era un niño muy generoso. Al que se acercaba le brindaba un abrazo, un beso. Me decía mamá carita feliz, no estés triste. Siempre pendiente de todos”.

“Los niños especiales no cuestan, ellos saben todo. Ellos entregan todo y son muy felices. El hecho de que uno converse un ratito con ellos los hace muy feliz, él se contentaba con la compañía de la gente”, expresó Víctor Fuentes, quien lo consideraba también un hijo.

Sin duda que se trata de sabias palabras que nos tiene que hacer reflexionar como sociedad y como personas en torno a quienes tienen capacidad diferentes. Es nuestra obligación trabajar de forma incansable para entregar a todos las mismas oportunidades de lograr una vida mejor y las condiciones necesarias para desarrollarse adecuadamente.

Ese es el nivel que nos califica como comunidad al enfocarnos en aquellos hermanos más débiles físicamente, pero con una tremenda fuerza de voluntad.

El domingo se apagó la luz de Rodriguito en esta tierra, pero sin ninguna duda su sonrisa seguirá brillando en el corazón de quienes lo conocieron y compartieron su alegría. Ese es el milagro de la vida que a veces nos toca.