Una boca de lobo que a veces permitimos

Increíblemente se dejó que de noche se adentrara en cerros, caminara kilómetros, junto a su abuelo y un sujeto que posee antecedentes por delitos sexuales.

07 Febrero 2018   4   Editorial   Gustavo Alvarado

Desde hace un par de semanas que se abrió el álgido debate nacional, en torno al destino que debieran tener aquellos individuos que se ven involucrados como protagonistas, o “presuntos” autores de delitos de carácter sexual y más aún, en los casos en que las víctimas son menores de edad.
Fue el “Caso Sophia” el que dramáticamente por sus características suscitó la discusión, la que esta semana en nuestra región, en la comuna de Licantén, se agudizó con el “Caso Emelin”, niña de 11 años de edad, quien hasta anoche aún se encontraba en calidad de desaparecida y presuntamente en manos de un secuestrador.
La búsqueda ha sido frenética, más aún luego de conocerse que el sujeto, que aparece como el autor del rapto, posee antecedentes penales y condena por delitos sexuales cometidos contra integrantes de su propia familia. De inmediato estos datos atrajeron los dardos contra el individuo, condenándolo a priori, pero a la vez abriendo otro flanco, adecuado para debatir y discutir.
En los casos “Sophia” y “Emelin” se reconoce que se dieron las condiciones para que ambas menores quedaran en riesgo. Y fue el entorno más cercano a ambas niñas el que proporcionó esas condiciones para permitir que la vulnerabilidad se adueñara de la situación.
Es decir, personas mayores que no tuvieron la prudencia para evitar lo que siempre puede evitarse. De Emelin, hasta anoche aún no se sabe nada. Su hoy y mañana es incierto y no solo porque pudiera haber sido engañada con un supuesto tesoro enterrado en los cerros de Licantén, sino también porque se permitió que una pequeña de 11 años ingresara a una zona de peligro.
Increíblemente se dejó que de noche se adentrara en cerros, caminara kilómetros, junto a su abuelo y un sujeto que posee antecedentes por delitos sexuales. Nadie colocó la voz de advertencia o prevención. Quizás y es la esperanza que se mantiene latente, que a la niña no le haya pasado nada, pero sin duda que no era necesaria colocarla en los riesgos en los que pudiera estar.
La ley considera sanciones para aquellos individuos que se comprueba son autores de hechos en que se afecta sexualmente a las personas y con mayor razón a menores de edad, pero no basta con ello si en la vereda del frente, en el hogar, en los padres y en el círculo más cercano del niño no existe una mirada de prevención para evitar que una boca de lobo se acerque a nuestros hijos.
El debate es bueno, construye opinión, pero en temas como estos se debe ser más abierto, para mirar más allá del hecho, observar más allá de las sanciones. También mirar porqué se produjo y especial, mirar en qué fallamos como familia, como círculo cercano y como sociedad para permitir que la boca de lobo abriera sus fauces.
Se tiene fe que Emilin se encuentre sana y salva. Todos tenemos esa esperanza. Sin embargo, queda sobre la mesa la impresión que algo más se pudo hacer, para que esto no solo fuera una esperanza.