Una reconstrucción que sigue

La reconstrucción, aunque por decreto administrativo se haya dado por finalizada, aún es tarea pendiente.

24 Febrero   19   Editorial   Gustavo Alvarado

Estamos a pocos días de conmemorar nueve años desde aquella madrugada en que la naturaleza nos despertó, literalmente, con un fuerte remezón. El terremoto en toda la zona central y el posterior tsunami en gran parte del litoral chileno nos dejó con ruinas, muertes y desolación.
Pero, como ya se ha dicho, desde aquel 27 de febrero de 2010, prácticamente han transcurrido nueve años y el tiempo muchas veces hace que la memoria vaya dejando de lado lo que pasó, o bien, la aparente normalidad haga perder el foco en lo que falta para recomponer lo que había antes del mencionado episodio.
En Constitución, quizás, es donde se concentró la atención en cuanto a la reconstrucción. La necesidad de entregar solución habitacional llevó a la edificación de conjuntos de departamentos que fueron siendo ocupados por los damnificados. El borde costero se fue levantando paulatinamente, se acaba de inaugurar la primera parte del parque de mitigación y, vía aportes empresariales, algunos inmuebles también ya están de pie. Falta reponer la infraestructura hospitalaria, cuyo proyecto comenzará a ser realidad prontamente con el llamado a licitación internacional del centro de salud, mediante la vía de concesiones. Lo material, en parte, se ha resuelto con el paso de los años. Sin embargo, hay familiares que aún lamentan a sus muertos y, además, hay más de una decena de personas que se encuentran en calidad de desaparecidas.
En ciudades de mayor envergadura, la presencia de sitios eriazos en las zonas céntricas, ya se hizo parte del paisaje urbano. Hoy es común andar algunas cuadras en la parte central de Talca, Curicó o Linares, y encontrase con paños de terreno, con maleza de bastante altura, con precarios cierres perimetrales (cuando los hay) y rastros de fachadas que daban cuenta de que ahí hubo presencia de antiguas casas de adobe. No hay todavía medidas que permitan recuperar esos espacios y devolverles un uso que sea armónico a las ciudades.
Para qué decir de ciertas construcciones, abandonadas, entrampadas en la burocracia institucional y, a veces, en la pelea chica. Es majadero ya a estas alturas, a casi nueve años, seguir mencionando al edificio patrimonial que albergaba a la Intendencia, las ex Escuelas Concentradas, el Mercado Central, algunas iglesias y otros espacios públicos.
No permitamos que lo que se nos ha vuelto costumbre a la vista, sea lo permanente o lo normal. Hay que seguir instando a que nuestra región retome su real normalidad pre-terremoto. La reconstrucción, aunque por decreto administrativo se haya dado por finalizada, aún es tarea pendiente.