Una solución que estaba, pero llegó recién

Quizás la respuesta sea, como es habitual, que la burocracia “chilensis” no lo permitía, o porque había desconocimiento al respecto (...)

02 Octubre 2018   9   Editorial   Gustavo Alvarado

Hace algunos días en la villa Las Brisas de Llico, en la zona costera de la provincia de Curicó fue inaugurada una planta de ultrafiltración que permite desalinizar, y también descontaminar aguas para hacerlas potables y por ello aptas para el consumo humano. Para esto se utilizaron cerca de 240 millones de pesos, inversión que sirvió para la máquina, para los paneles solares que la abastecen de energía, e implementación total del proyecto.
La concreción de la iniciativa fue calificada como un hito por varios motivos, pero el principal, dar agua potable y solución a 86 familias del lugar, villa Las Brisas, a las cuales luego del terremoto del 2010 les entregaron las viviendas, pero que no contaban con el vital elemento para el diario quehacer. Es decir tenían casa nueva, pero no agua en la llave de la cocina, o del baño para llevar una vida normal, como la que se lleva en la ciudad.
Al inaugurar esta planta, el alcalde de Vichuquén dejó en el aire varias frases para la reflexión: “En los últimos años se han gastado más de 10 mil millones de pesos para repartir agua”; “con esta solución traída de Suiza estamos colocando punto final al cartel del agua, al cartel de los camiones aljibes”, dijo en alusión a los millonarios recursos que habitualmente se utilizan para llegar con agua potable a lugares que no la poseen.
Y es que la planta de ultrafiltración llegó a Llico para hacer potable el agua que en el lugar es abundante, pero que posee altos niveles de sal de mar, residuos biológicos, y minerales, entre otros contaminantes menores, situación que no había podido ser zanjada por medidas que se adoptaron anteriormente. Ahora por el contrario, con solo 240 millones de pesos se da solución a un tema que ha requerido de esta cifra, y esta muchas veces más.
Y como si fuera poco, la implementación de esta medida requiere cerca de 6 meses versus aproximadamente 6 años que requiere para su puesta en marcha un proyecto de APR, Agua Potable Rural. Es decir conveniente por donde se le mire: más barata, más económica, con energía limpia, capaz de descontaminar aguas del origen que sea, y con tecnología de punta que en el mundo está en uso en 35 países, y desde hace más de dos décadas.
Esto último produjo una nueva interrogante: Si la tecnología está disponible desde hace más de 20 años y en operaciones en varios lugares del planeta, ¿Por qué, entonces, no se había traído antes a Chile? , teniendo en cuenta que nuestro país, aún posee centenares de localidades, alejadas muchas de ellas, que carecen de agua potable a la mano, una necesidad básica para cientos de familias, como las de Llico.
Quizás la respuesta sea, como es habitual, que la burocracia “chilensis” no lo permitía, o porque había desconocimiento al respecto, o tal vez porque nadie lo había propuesto.
Y la pregunta se mantiene: ¿Por qué no antes? Se espera que la respuesta sea transparente como el agua que entrega esta planta, a lo menos desde hace algunos días, en Llico de Vichuquén, en nuestra región.