Venezuela: la hora de la libertad y la justicia

A los venezolanos les queda mucho camino por recorrer para volver a ser el país que eran. Pero dieron un paso decisivo

24 Enero   12   Editorial   Gustavo Alvarado

Oel asilo contra la opresión. Así reza nuestra canción nacional, en clara alusión a la tradición chilena de otorgar refugio y tender una mano solidaria en favor de quienes deben viajar a otras tierras para escapar de sus gobiernos opresores de los derechos fundamentales. Eso es lo que ocurre actualmente con miles de venezolanos que han llegado a Chile buscando mejores rumbos económicos para ayudar a sus familias.
Por ello, como sociedad que también nos ganamos en las calles el derecho a recuperar la democracia, la opinión pública chilena no puede menos que mirar con ojos de esperanza lo que ocurrió ayer en Veenzuela, donde finalmente surge una alternativa concreta y real de vencer al dictador, Nicolás Maduro, y avanzar en la recuperación de un país que está destrozado por todos lados.
Chile le debe mucho a Venezuela. En primer lugar, le debemos leyes fundamentales de nuetro país a Andrés Bello, uno de los intelectuales más destacados de esa nación, quien hace muchos años llegó para quedarse a estas tierras, al final del continente. Aquí hizo gran parte de su carrera académica e incluso fue galardonado con la primera rectoría de la Universidad de Chile.
Pero no fue lo único. Porque cuando miles de chilenos tuvieron que salir al exilio, debido a la acción opresora, asesina y corrupta de la dictadura cívico-militar de Augusto Pinochet, Venezuela recibió con los brazos abiertos a quienes buscaban protección en el extranjero. Se trata de generaciones completas que vieron en esa mano tendida la oportunidad de sobrevivir a la matanza.
Por todo ello, Chile no puede menos que apoyar y respaldar que Venezuela al fin vea un camino concreto y real para salir de la crisis institucional. Ya era mucho el tiempo que ese pueblo ha soportado una democracia de mentira y un agobio económico como definitivamente nadie puede aguantar. Era demasiado para que el dictador se eternizara en su cargo.
Ahora corresponde que de manera ordenada, tranquila y serema, como ocurrió en nuestro pais, comience un proceso de recuperación de la democracia y de transición política. Ojalá no hayan excesos y la violencia se detenga de lado y lado, que las Fuerzas Armadas sean garantes de esa paz interna y que la ciudadanía pueda manifestarse en legítimas elecciones libres.
A los venezolanos les queda mucho camino por recorrer para volver a ser el país que eran. Pero dieron un paso decisivo y cuentan con el apoyo internacional. Ahora lo importante es que el dictador se vaya y que se abra el camino a la justicia y la libertad, como lo merecen todos los pueblos del mundo. En ello, Chile debe tener un rol activo a favor de la democracia y el Estado de Derecho.