Vocales de mesa

En definitiva, la figura del vocal de mesa constituye un factor clave en una elección, ya que se trata de la misma ciudadanía que debe velar por la rectitud de la parte sustantiva del proceso, esto es, recibir y contar los votos.

10 Octubre 2016   7   Editorial   Gustavo Alvarado

En fecha reciente, el Servicio Electoral designó a los vocales de mesa y sus reemplazantes que se harán cargo del proceso eleccionario municipal. Se trata de una función clave, no sólo porque sean ellos quienes reciban a los votantes y los sufragios, sino también debido a que el rol ciudadano es importante para la democracia.

En términos prácticos, los vocales tienen como responsabilidad instalar las mesas de votación, entregar los votos a los ciudadanos, así como cuidar por el orden y formalismo del acto, resolviendo cualquier consulta que tengan los votantes. Luego deben realizar la apertura de las respectivas urnas y contar los votos en forma pública.

Para ello, los vocales deben presentarse en la fechad de la votación para comenzar el proceso. A la vez, tendrá que concurrir un día antes para ensayar, ocasión en que será debidamente capacitado por expertos del Servicio Electoral. Si la persona se repite por más de una vocación, estará excluido de esa obligación.

Las personas que no acudan a cumplir con sus funciones de vocal y no se hayan excusado de manera justificada, incurrirán en una infracción electoral que puede acarrear una sanción de 2 a 8 UTM a beneficio municipal. Dicha multa será resuelta por el respectivo Juzgado de Policía Local, luego de escuchar a la persona.

Ahora bien, actualmente cada vocal recibe un bono de dos tercios de unidad de fomento por sus labores, monto que no es imponible ni tributable, ya que no constituye salario. En todo caso, dicho monto se incrementa en caso que los vocales sean nuevos y acudan debidamente a la jornada previa de capacitación.

En definitiva, la figura del vocal de mesa constituye un factor clave en una elección, ya que se trata de la misma ciudadanía que debe velar por la rectitud de la parte sustantiva del proceso, esto es, recibir y contar los votos. Es decir, es la propia ciudadanía que supervigila que la decisión popular se refleje en el resultado.

Y además se entrega una pequeña compensación económica. Es decir, la ciudadanía le devuelve al vocal su esfuerzo personal. Ello es, sin duda, mucho mejor que dicha labor la cumplan funcionarios de algún servicio público o personas voluntarias, por cuanto ello podría acarrear el riesgo de intervención para fines particulares.

Lo que sí puede y debe modificarse o avanzar hacia ese objetivo, es incorporar la tecnología al proceso eleccionario, en específico, a la votación misma de la población. Ello ocurre en otros países, donde las personas sufragan ante un computador, evitando el riesgo de anular y facilitando sustantivamente el conteo posterior.

Si ello se implementa en países como Chile, los resultados se conocerían en forma casi inmediata, una vez cerradas las primeras mesas. Además se evitaría el error humano, algo que puede incluso obligar a efectuar sucesivos reconteos de los votos, además de la revisión por los colegios escrutadores y tribunales electorales.

En definitiva, la figura del vocal de mesa es y será muy importante, por lo cual, la opinión pública debe velar porque dicho personaje cuente cada vez con mayor reconocimiento social. Pero además es necesario incorporar la tecnología al proceso, facilitando el proceso posterior y entregando resultados con mayor validez estadística.