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Nuevo director regional de Gendarmería y proyecto de cárcel para Talca

Cosa distinta es que al preso se le obligue a trabajar a fin de generar lucro para un particular”

Coronel, Víctor Fuentes, afirmó que la decisión sobre el destino del terreno de la Alameda será de carácter político, pero advirtió que ello también dependerá que se genere un proyecto relevante para la comunidad

Periodista: Diario El Centro - Fecha de Edición: 22 de Enero 2017

TALCA.- Marcando una clara diferencia con sus predecesores, el nuevo director regional de Gendarmería, coronel Víctor Fuentes, no dudó en afrontar el complejo tema de la situación carcelaria en el Maule y, además, respecto a cómo será la nueva unidad penal y, en especial, lo que ocurrirá con el terreno de la Alameda.

La autoridad reconoció que existiría interés ciudadano en que la cárcel se vaya de dicho lugar, a lo que será el complejo penitenciario de La Laguna, en Panguilemo, pero advirtió que desconoce si la ciudad cuenta con un proyecto para utilizar el terreno de la Alameda, entre 2 y 3 Poniente, lugar de ubicación del actual penal.

En todo caso, aseveró que el destino de dicha propiedad –es decir, si se queda en manos de Gendarmería o vuelve al Ministerio de Bienes Nacionales- será resuelto por la autoridad política. También defendió que solo Gendarmería cuenta con la experiencia suficiente para resolver el tipo de cárcel para cada región.

 

¿Cuál es su trayectoria para asumir esta dirección regional de Gendarmería?

“Mi última destinación fue en Punta Arenas, donde ejercí por tres años al frente de esa región. Llevo muy poco tiempo aquí en Talca, pero mi trayectoria ha sido principalmente en Santiago, en Colina I y II, así como también fui director de Escuela. También pasé por Santiago 1 y por la cárcel de Rancagua”.

 

¿Y qué opinión se ha formado respecto a la situación carcelaria en el Maule?

“Es difícil formarse una opinión cuando llevo poco tiempo, porque tengo que visitar las unidades penales y entrevistarme con las autoridades. El diagnóstico no lo hace una sola persona, porque concurren muchas visiones e intereses que tiene Gendarmería. Pero sí hay situaciones de orden general que uno puede abordar con la experiencia de 25 años de servicio”.

 

¿En ese contexto, cuáles son los énfasis que dará a su gestión?

“En términos generales, el principal énfasis va a estar en entregar a las personas lo que requieran para hacer un mejor trabajo. Desde ese punto de vista, siempre serán más las necesidades, que pasan por temas de infraestructura, logística u organizacional. Si logramos cambios, puede haber un impacto positivo hacia la comunidad. Puede ser en distintos ámbitos, incluyendo la capacitación, de acuerdo a los requerimientos del servicio y de nuestros funcionarios”.

 

Pero entrando derechamente al tema de la infraestructura. ¿La región necesita una nueva cárcel?

“El tema no es la cantidad de cárceles, sino el número de personas que tenemos en reclusión. Yo siempre hago la comparación con un hospital. Si usted tiene que atender a mil personas, entonces imagine la capacidad que tiene que tener ese hospital. Si usted tiene que hospitalizar a 200 personas mensuales, entonces tiene que haber un número proporcional de camas. Ese es el cálculo que debemos hacer y no que se vaya a mejorar la situación con una, dos o tres nuevas cárceles”.

 

¿Y cuáles son los requerimientos que tiene Gendarmería?

“Nosotros necesitamos unidades penales que cuenten con las condiciones para que nuestros profesionales realicen su labor de la mejor forma posible, para que el producto final sea la reinserción. Así se baja la reincidencia y se mejora la colocación laboral. Ese es el producto que tenemos que entregar a la sociedad. Es decir, recibir a una persona y devolver a un ciudadano distinto que pueda reinsertarse en la sociedad”.

 

¿La sobrepoblación carcelaria atenta contra la rehabilitación?

“Por supuesto. Es fundamental que los penales reúnan las condiciones técnicas. Aquí no estamos hablando de comodidad, de tener hoteles o residenciales. Muy por el contrario, queremos generar las condiciones materiales, estructurales y profesionales, para que el trabajo de reinserción se haga de la mejor manera posible, porque finalmente, todo el que entra a una cárcel, en algún momento sale.

Y si ese trabajo de reinserción no se hace de la mejor manera posible, van a reincidir y volver a la cárcel. En este momento, es importante que el Maule mejore, desde ese punto de vista. Hay que reimpulsar el trabajo en las cárceles, para que el Maule sea una región más linda para vivir y también más segura. Pero para eso, repito que hay que mejorar las condiciones”.

 

¿Qué modelo de cárcel es el que estima Gendarmería que reúne los objetivos de hacer cumplir las sentencias condenatorias y, a la vez, fomentar la reinserción?

“En esto, nosotros somos los expertos. Gendarmería es el que más sabe de seguridad penitenciaria y reinserción social en sistemas cerrados. Nadie sabe más. Gendarmería de Chile es quien capacita a gran parte de los países sudamericanos. No existe otro experto que el gendarme. Desde ese punto de vista, las cárceles tienen que obedecer a un modelo que sea funcional a cada región.

Me explico: una región con la mayor tasa de personas con fracturas de cadera, necesita especialistas en traumatología, prótesis y kinesiología. Esto significa que, como región, tenemos que definir el perfil de nuestro usuario. Y sobre ese perfil, vamos a determinar cuáles son las tareas al interior de las cárceles que nos permitan realizar un mejor trabajo.

Pero en términos de infraestructura, hay que cumplir ciertos requisitos, porque las personas son una dimensión y todos requieren atenciones distintas. Es decir, está la dimensión laboral, familiar, educacional, cultural, deportiva y religiosa.

Cuando nosotros, como profesionales del área, determinamos que una persona comete delito porque tiene baja capacitación laboral, entonces nuestro trabajo es calificarla laboralmente. Y si otro delinque porque tiene un problema de personalidad que lo lleva a tener un bajo control de impulsos, tiene otra dimensión que abordar. Y si otro lo hace porque es analfabeto, entonces tenemos que mandarlo a una escuela”.

 

¿Y para Gendarmería es posible o no que existan cárceles donde los internos trabajen, ganen un sueldo y tengan unidades productivas?

“En nuestros modelos tradicionales, existen unidades que hacen prestaciones de servicios. Cosa distinta es que al preso se le obligue a trabajar a fin de generar un lucro para un particular. Lo que necesitan los internos no es una especialidad, sino generar el hábito laboral. Esto es, aprender a recibir instrucciones y ser responsables en los horarios, entre otros factores”.

 

Pero el modelo de cárceles de trabajo se ha aplicado en países como Estados Unidos…

“Creo que ese no es buen ejemplo, porque Estados Unidos es el país con más presos en el mundo y el que tiene las mayores tasas de reincidencia. Si ese modelo funcionara, no tendrían esos resultados. Y si queremos hablar de modelos exitosos, en Holanda están cerrando las cárceles o las facilitan a otros países de Europa. Pero allí el tema de fondo es cultural”.

 

¿Si se licita y, finalmente, construye el proyecto de La Laguna en Panguilemo, Gendarmería tiene la disposición de devolver el terreno de la Alameda a Bienes Nacionales?

“Yo creo que esa es una decisión absolutamente política, donde se debe generar un proyecto que sea más beneficioso para la comunidad. Si existen necesidades que pasan por acceso a servicios públicos o por otras razones, como culturales, pensando que sea un casco histórico, más allá que sea una cárcel, creo que es necesario proteger el edificio. Pero el propósito final es una decisión que va a tomar la autoridad política”.

 

¿Pero si usted le preguntaran, cuál sería su decisión: devolver o quedarse con el terreno?

“En este momento, no conozco un proyecto para ese lugar. Pero quizás cuando analicemos las necesidades de la comunidad, podamos tomar una decisión. Gendarmería nunca ha sido egoísta, pero tenemos que cautelar las condiciones para nuestro personal y concluir de la mejor forma el trabajo que nos exige la sociedad”.

 

¿Es real que construir una cárcel tradicional de gran tamaño en Panguilemo acarreará externalidades negativas, específicamente, respecto a si llegarán a vivir familiares de internos que pongan en riesgo la seguridad de las poblaciones vecinas?

“Allí existen dos puntos importantes. Primero, manifestar que existe peligro por las personas que puedan acercarse a una cárcel o que tengan interés de habitar la comuna, porque tienen un familiar privado de libertad, es un prejuicio enorme y terrible. En el fondo, es como decir que todas las familias de personas que cometieron un delito, son todos delincuentes. Es decir, la mamá, la señora y los hijos.

Y lo segundo es señalar que el poner el ejemplo de lo que pasó en Colina I, en la Región Metropolitana, es un error.  Esa unidad se construyó en terrenos que eran de propiedad fiscal. Y, por lo tanto, todos los que quedaron alrededor, ocuparon propiedad fiscal. Rancagua se construyó en predios particulares que fueron comprados por el Estado. ¿Cuánta gente se instaló alrededor de la cárcel? No hay nadie, porque ningún particular ha aceptado que alguien se tome su parcela. La unidad penal de Rancagua lleva 10 años y no vive nadie alrededor.

Muy por el contrario, los proyectos de cárcel llevan alcantarillado, agua potable, alumbrado público y dinamizan la economía, porque los gendarmes pasan por el sector, igual que las personas que acuden a las visitas. Por ello, a mi juicio, es un prejuicio el que se hace con personas que acuden a visitar a alguien privado de libertad van a hacer daño. Eso es lo que se está tratando de señalar. Y yo creo que no es así”.

 

Otro temor relevante es que Talca finalmente tenga cinco cárceles, pensando en el complejo penal de Panguilemo y en que el recinto de la Alameda siga allí. Se suman el centro de justicia juvenil de Huilquilemu, más la cárcel de mujeres y el CET laboral. ¿Es correcta esa opinión?

“Primero hay que aclarar que los centros juveniles son administrados por el Sename y allí solo prestamos seguridad perimetral. Luego, en los centros de educación y trabajo, las personas no necesitan custodia, porque están en rehabilitación y participan de procesos productivos. Es decir, no son unidades penales propiamente tal.

En Talca habrá dos unidades, esto es, el CCP masculino y el CPF femenino. Y una vez que se genere el proyecto La Laguna, el destino del actual CCP de Talca será una decisión política. Además hasta el nuevo complejo se trasladará a las mujeres, como ha ocurrido en otras regiones, todo con su debido resguardo y las separaciones evidentes”.

Hernán Espinoza

 

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