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A casi una semana de la tragedia en Santa Olga

“De a poquito” se va saliendo del impacto inicial

Sus habitantes vuelven al pueblo para recibir la ayuda, para hacer trámites o para supervisar los trabajos que se hacen en sus propiedades. De a poco se va dejando el estupor inicial para ir dando paso a la conciencia de que hay que ponerse en movimiento para reconstruir

Periodista: Diario El Centro - Fecha de Edición: 01 de Febrero 2017

CONSTITUCIÓN.- Santa Olga es lo que se ha definido como “la zona cero” de la tragedia que ha traído la suma de incendios forestales en el país. Es donde se quemó mayor cantidad de casas, por lo tanto donde se concentró principalmente la atención de los medios, de las personas que desde el primer momento quisieron ayudar, y desde donde se ha desplegado la acción gubernamental hacia el resto de la zona afectada.

A casi una semana de aquella noche en que el pueblo ardió y en un ambiente que aún huele a ahumado, se pueden ver algunos de sus vecinos. Se distinguen fácilmente de los voluntarios o funcionarios de Gobierno que llevan poleras u otros elementos que los identifican con su organización.

 

DE A POQUITO

Algunos se ven pasar con bolsas, otros con cajas, otros con palas. Es que los vecinos llegan hasta su pueblo para hacer acciones como recibir la ayuda, hacer algún trámite o colaborar en las labores de despeje de escombros que se realizan en cada una de las viviendas. También llegan a algunas reuniones como la de ayer con la ministra (s) de Educación por el tema del liceo y el jardín infantil.

Son acciones que dan cuenta que pasado el impacto inicial, han empezado a moverse para continuar la vida, que sigue imponiendo deberes. Los de antes, y ahora nuevos.

Así Valentina acudió a eso de las 3 de la tarde a buscar al puesto de salud que se instaló, los remedios que toma su mamá enferma. Cuenta que también pasó a preguntar por si habían llegado donaciones de colchonetas, porque ella y su familia están durmiendo en una carpa en un terreno que les pasó su hermana que vive un poco más allá del pueblo. Hasta ahora tiene un colchón, que obviamente no alcanza para su grupo familiar que es de seis personas. No tuvo suerte.

“De alimentos y ropa no me quejo, pero faltan colchonetas, colchones o algo para dormir”, explica.

“¿Y cómo está el ánimo?”. “Sí, de a poquito se va saliendo” contesta.

Teresa, una persona que vivía sola, cuenta en tanto que fue a buscar alimentos porque una señora de Constitución tuvo la generosidad de acogerla en su casa, pero está claro que no puede quedarse sin aportar a lo menos en algo.

Esta transición también la ha notado la mayor del Ejército de Salvación, y también pastora, Elizabeth Correa, quien cuenta que ellos fueron los primeros en llegar a Santa Olga. Llegaron a las 3 de la misma madrugada en que se produjo el incendio.

Cuenta que en los primeros días “era triste ver tanta gente ahí sentada sin hacer nada, mirando que se quedaron sin nada. Pero si usted se da cuenta ya están limpiando, ya están viendo sus casitas”.

PENSANDO EN LA RECONSTRUCCIÓN

Para Mónica Sepúlveda, presidenta de la Junta de Vecinos de Santa Olga, no hay espacio para pensar en los propios sentimientos, aunque le pregunten por ellos, su respuesta escabulle esa parte. Su trabajo es para los demás. Los cinco días de trabajo se notan en el desgaste de su voz, que de pronto llega a una tos que la ahoga por un momento. “Es que he hablado mucho, todo el mundo me pregunta, señora Mónica, aquí, allá”, cuenta, aunque no en tono de queja.

En su discurso se habla mucho de la reconstrucción, que es el mismo espíritu que se siente entre los apoderados que fueron a “soñar” junto a la ministra cómo será su nuevo Liceo. Y es algo que se escucha también en las conversaciones en la calle.

El saludo final de Mónica lo dice todo: “Y esperamos verla para para cuando se reconstruya Santa Olga de nuevo”.

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