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Monseñor Horacio Valenzuela en su balance tras la visita del Papa Francisco

“El Papa ha tenido siempre una actitud firme y clara contra los abusos que han dañado a tantos inocentes”

Fueron cuatro días agitados para el obispo de Talca, quien acompañó al Santo Padre en todo su recorrido por Chile. En esta entrevista –que respondió por correo electrónico- el pastor de la Iglesia del Maule reflexiona en torno a los principales hitos y polémicas que rodearon el paso del Papa

Periodista: Diario El Centro - Fecha de Edición: 21 de Enero 2018

El arzobispo, Ricardo Ezzati, sostuvo que el Santo Padre se encontraría con una Iglesia chilena en crisis. ¿Comparte usted esta visión y cuáles serían las principales características de este fenómeno?
“Sólo algo que está muerto no tiene crisis. La Iglesia en Chile está viva y sufre diversas crisis. La Iglesia, como no se cansa de repetir el Papa Francisco, la formamos hombres y mujeres pecadores, llamados a la conversión. La crisis es propia de nuestra vida personal, de nuestras familias y de la sociedad. La crisis es una oportunidad de conversión… Para detenerse con humildad, revisar y tomar decisiones en aquello que está mal y que se puede y debe cambiar. La Iglesia ha tenido momentos de crisis desde su nacimiento y los seguirá teniendo hasta que culmine la historia. La maravilla es que el Señor ha estado siempre en ella purificándola, corrigiéndola e iluminando su camino … Es él quien lleva a la Iglesia a pesar de nuestras miserias. Por eso, más que escandalizarse y alejarse de ella, hay que amarla y ayudar a que sane las heridas que le hemos provocado”.
¿La aguda caída en la credibilidad de las instituciones públicas que se ha vivido en Chile en los últimos años, ha afectado también a la Iglesia Católica?
“La crisis de confianza en las instituciones -a la que la Iglesia no ha estado ajena- es algo que personalmente duele, por el daño social que imposibilita el bien común. La pérdida de credibilidad lleva la descomposición social. Si las instituciones se diluyen, una sociedad se corrompe fácilmente. Cuando eso sucede -como está sucediendo en algunos países hermanos- aparece el populismo y la tiranía con su secuela de violencia y nuevas formas de injusticia. Es urgente sanar la desconfianza, para que haya encuentro y colaboración… Las instituciones deberíamos ser el lugar de encuentro para buscar y conseguir lo que sea bueno para todos. Todos podemos cooperar para sacar de nuestras crisis brotes nuevos y sanos”.

¿Qué objetivos tenía la visita del Papa Francisco y piensa usted que se cumplieron durante estos cuatro días?
“La misión del Papa Francisco es una sola y es la misma que hace dos mil años Jesús le encomendó a San Pedro… El Papa, movido por el amor de Cristo, ha venido a compartir con nosotros la fe, a fortalecernos en ella, a vivirla y a renovarnos en la esperanza, en la alegría del Evangelio. Creo que, aunque la obra de Dios siempre es misteriosa y difícil de medir, se cumplió plenamente el objetivo de la visita: Pedro nos visitó en Francisco y nos dejó algo grande en el alma. Algo de esto recibió la joven carabinera, Ana Belén, después de su accidente en Iquique; y como ella, tantos enfermos, encarcelados, jóvenes y migrantes… Para mí es difícil evaluar todo el bien que recibimos en los encuentros personales con el Papa y a través de su mensaje en los medios de comunicación”.

¿Qué episodio cree usted que fue más emotivo de todas las actividades que sostuvo en Chile el Papa?
“A esta pregunta habrá miles de respuestas… A mí, personalmente, me impresionó hondamente la liturgia en Temuco. Sentí que recogió con respeto la noble belleza de la tradición ancestral mapuche, su espiritualidad, su sentido de Dios, sus sufrimientos y postraciones históricas... Encontré, especialmente significativa, la cita de Violeta Parra que hizo el Papa: Arauco tiene una pena…”

¿Las críticas por la presencia del obispo Barros, cree usted que afectó negativamente la imagen del Santo Padre y de su visita al país?
“Lamento que esta situación haya tenido tanto espacio en desmedro de tantas cosas que necesitamos como nación, y que el Papa nos ha traído… Confío que con el transcurso del tiempo y la buena voluntad de todos, se produzca un reencuentro en la verdad, en la justicia y la misericordia. He visto un cierto fariseísmo de personas que se ponen en el lugar de Dios, juzgando y decidiendo quién es digno y quién no lo es. El respeto por la conciencia de cada uno es sagrado”.

¿Cómo califica el ánimo y disposición que tuvo el Santo Padre durante sus actividades para dialogar y acoger a las personas, cuyos familiares han sufrido abusos de parte de sacerdotes?
“El Papa ha tenido siempre una actitud firme y clara contra los abusos que han dañado a tantos inocentes y que han herido al mismo Cristo en cada uno de ellos. No es la primera vez que se producen estos encuentros, que son muy necesarios, y que van ayudando al consuelo y a la reparación”.

¿Con qué ánimo piensa usted que el Papa llegó a Chile y luego dejó el país rumbo a Perú?
“Puedo suponer que el Papa, que es un Pastor, que se ha ido de la misma manera que lo vimos en los distintos encuentros… Lo vi algo cansado por el enorme esfuerzo que implica lo vivido para una persona de 81 años, pero sobre todo, lo vi muy contento por el cariño y las demostraciones de fe que recibió -especialmente- de nuestro pueblo más sencillo. Creo que el Papa dejó nuestra patria con la alegría del sembrador. Ha sembrado buena semilla en el campo, sabiendo que esas semillas el Señor las hará germinar oportunamente en la Iglesia y en nuestro querido Chile”.

¿Cree usted que los jóvenes comprendieron el mensaje que el Papa les formuló, inspirado en el Padre Hurtado? ¿Tendrá un impacto en el diario vivir pensando que son, justamente ellos, quienes se muestran más distanciados en cuanto a participación?
“Fue muy impresionante ese encuentro con los jóvenes, porque las condiciones horarias y físicas fueron muy difíciles, yo diría extremas… Todo atentaba humanamente contra el encuentro: el cansancio, las altas temperaturas, la larga espera… Y en ese escenario, el Papa fue capaz de sintonizar profundamente con los jóvenes: les habló con buen humor, con mucha simpatía y cariño, con fuerza, con hondura, con humildad y sinceridad… Les habló en su propio lenguaje. ‘¿Qué haría Cristo en mi lugar…?\' Creo que ningún joven olvidará esa clave para conectarse con Jesús y ganarle a la intrascendencia, la injusticia, al conformismo y a la desesperanza, para ser actores de la transformación de la sociedad. La virgen del Carmen -como Madre- hizo de ese encuentro un pentecostés… Todos oyeron hablar en su propia lengua de las maravillas de Dios”.

¿Cómo fue compartir con el Papa durante la reunión con los obispos en la Catedral de Santiago?
“Fue un encuentro muy sencillo, emotivo y fraterno, en que recordamos la Visita ad Limina de hace un año… Nos, animó en nuestra misión de anunciar con valentía el Evangelio de Jesucristo”.

¿Piensa usted que el mundo político reaccionará a partir de los mensajes que formuló el Papa, y en qué sentido podría tener influencia su palabra en el debate político, pensando que este año se constituirá un nuevo Parlamento?
“Creo que el valor sagrado y el respeto que merece toda persona ha sido un hilo que ha atravesado las palabras y gestos del Papa. El papa tocó con claridad aspectos que si los asumimos, pueden ayudar a converger las distintas posturas en tareas impostergables. Ejemplo de ello es la situación planteada por Janet en la cárcel femenina. En ese discurso, puso la dignidad de los hijos por sobre toda otra consideración. Si legislamos y gobernamos siguiendo esta huella, avanzaremos de verdad hacia el bien común”.

¿Cree usted, que el Papa estuvo muy “encapsulado” durante sus recorridos, o bien que a pesar de la seguridad y el protocolo igualmente hubo espacio para que tomara contacto directo con las personas más desposeídas? ¿En qué momento se reflejó ese lado más cercano de la visita?
“Fuimos testigos de que el Santo ha sido un pastor que, con las limitaciones propias de una visita de esta envergadura, logró entregar la riqueza de su presencia y pensamiento en la relación con pobladores, religiosos, periodistas y dirigentes sociales, en forma personal y a través de los medios”.

Monseñor, finalmente le pedimos entregue usted un mensaje a los maulinos que resuma lo que nos dejó el Papa y cuál es la perspectiva de que ello cambie las vidas de los chilenos.
“Hemos vivido un paso de Dios, que nos repite de muchas formas y palabras el llamado a la paz y la unidad. Todos nosotros podemos ser artesanos de paz y armonía. Tenemos todos los materiales para ser felices y con la bendición de Dios, si acogemos el llamado del Papa, podremos devolverle el sabor a la dulce patria que nos ha regalado Dios”.

Hernán Espinoza

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