Sábado, 25 de Mayo de 2019
Pedro Cayuqueo sobre el crimen de Camilo Catrillanca:

“Es un torpedo directo a la línea de flotación del plan del ministro Moreno”

El periodista y escritor mapuche aseguró que el lamentable hecho ocurrido en Ercilla, “vuelve a foja cero” el intento de diálogo que estaba impulsando el titular del Ministerio de Desarrollo Social.

Periodista: Diario El Centro - Fecha de Edición: 25 de Noviembre 2018

TALCA.- La muerte Camilo Catrillanca volvió a poner el foco en el conflicto mapuche, llegando ahora a un punto extremo, donde se pone en entredicho una serie de acciones que se ha venido desarrollando en la denominada “zona de conflicto”.
Para analizar los escenarios que se exponen en este caso, Diario El Centro conversó con el escritor y periodista Pedro Cayuqueo, quien tiene una trayectoria de participación en movimientos ligados a la causa mapuche.
Bajo su prisma, Cayuqueo reflexiona sobre la muerte de Catrillanca y lo que puede desembocarse a partir de la actuación de las autoridades políticas. “Tengo la sensación de que lo sucedido en Ercilla va a marcar un antes y un después. Si es hacia algo positivo o algo negativo, eso está en desarrollo. No podría aventurar un diagnóstico futuro. Pero si creo que lo sucedido va a generar este quiebre porque lo que ha pasado ha sido grave en términos políticos”, señala.
Para el autor de “Historia Secreta Mapuche”, el crimen de cualquier persona “es un hecho grave y, especialmente, cuando se dan estos casos de abuso policial, que además va aparejado con un blindaje institucional del alto mando, que repercute un blindaje político de parte del Gobierno, se genera un escenario de impunidad e injusticia que bastante gráfico y evidente”.
Agrega que, si bien, “todo crimen es un hecho brutal y trágico, los efectos políticos de este caso son lo más grave a largo plazo porque esto viene a darse en un proceso que el Gobierno estaba desarrollando, de acercamiento con el mundo indígena bastante interesante. Estaba el lanzamiento del Plan Araucanía, que se compone del Impulsa Araucanía, que es más bien la parte de desarrollo económico y de inversiones, y el Acuerdo Nacional por la Paz, que es la otra vertiente del plan, que es del reconocimiento de los derechos indígenas”.

¿Crees que se iba en buen camino?
“Se había hecho un diagnóstico en que el Gobierno había dado pasos significativos y la gestión del ministro (Alfredo) Moreno había sido muy aplaudida en torno a apostar por el diálogo político, algo que distintos referentes mapuches venían exigiendo en su tiempo. El mismo senador (Francisco) Huenchumilla ha planteado, desde su mirada del tema, que esto requiere un abordaje evidentemente político y no policial. Entonces, el Gobierno parecía haber dado pasos en esa dirección y la gestión de Moreno se iba cimentando hacia un diálogo político para avanzar en estos temas pendientes. Pero, esto que pasó en Ercilla es un torpedo directo a la línea de flotación del plan del ministro Moreno. Aquí hay un quiebre de confianza, hay un rompimiento de acuerdos, hay una toma de decisión del mundo mapuche de rechazar de plano cualquier diálogo hoy con el Gobierno y en eso han coincidido actores del mundo radical, otros más institucionales e incluso quienes se habían sumado al diálogo como Víctor Ancalaf, ex dirigente histórico de la CAM (Coordinadora Arauco Malleco) y que había sido uno de los más mencionados por el Gobierno como el paso trascendental de acercar ese círculo de dirigentes hacia la vía del diálogo. Resulta que eso quedó en foja cero porque se ha anunciado desde la dirigencia mapuche que, bajo las actuales condiciones, particularmente respecto del Comando Jungla y de esta vía paralela policial que el Gobierno también está impulsando, no hay posibilidad de diálogo, entonces, lo ocurrido en Ercilla tiene esa connotación de gravedad”.

Tú dices que el plan de Moreno vuelve a foja cero. ¿Crees que, ante este hecho, esta administración de Gobierno, definitivamente perdió el trabajo y no podrá recuperarse en el tiempo que le queda?
“Creo que, si hay un sector político que tiene que demostrar y dar pruebas de blancura en Chile, es la derecha, por su historial, por su cercanía en tiempos pasados al régimen militar y por su constante oposición en décadas anteriores a avanzar en temas indígenas. La derecha siempre se opuso en el Parlamento y siendo oposición a la Concertación en su momento, a avanzar en temas indígenas. Entonces, si hay un sector político cuya legitimidad para abordar este tema era débil, es la derecha. De allí la importancia de lo que hizo el ministro Moreno, que yo no he visto otro ministro que haya viajado más veces a la Araucanía y esa es una señal potente, además, Moreno no es un político de segunda línea sino que tiene un peso específico dentro de la derecha y del mundo de los gremios empresariales, lo que le daba espalda política para operar como lo estaba haciendo. Ahora, la poca legitimidad o los cuestionamientos a los que la derecha siempre está sujeta por la opinión pública y el pueblo mapuche, aconsejaba actuar con prudencia, con mesura, e incluso, con cierta inteligencia emocional. Y todo aquello que reflejaba el ministro Moreno, naufraga con este episodio, en donde también claramente uno logra vislumbrar la disputa por quién tiene la carpeta indígena en su escritorio, si es Desarrollo Social o Interior. Esta doble mirada, que no es propia de este Gobierno sino que es una herencia de administraciones anteriores, hace crisis con este crimen. Ya no se puede argumentar, de aquí en adelante, que pueden existir estas cuerdas separadas entre represión policial y desarrollo y búsqueda de diálogo, porque es una lógica bipolar que para el mundo mapuche, su dirigencia y su ethos cultural, no se entiende. Para un pueblo mapuche que tiene una larga tradición de siglos de parlamento, de diplomacia, de acuerdos con la corona española, después acuerdos con la República de Chile, no es entendible un interlocutor que te invita a conversar y que está matando por la espalda. Creo que para ninguna cultura o política seria es entendible”.

¿Cómo calificas el actuar ahora en el Caso Catrillanca?
“Lo que uno observa del Gobierno es que, si bien, se equivocó en un inicio y avaló torpemente la versión policial, esta fue cambiando con el paso de los días y finalmente el Gobierno tomó acciones que son interesantes. Por ejemplo, el dar de baja inmediatamente a los funcionarios y que existieran responsabilidades de mando. Son señales necesarias y son un mínimo de lo que se puede exigir en una sociedad democrática. Y quiero hacer un contrapunto con lo que han hecho otros gobiernos en otros casos. Esto es inédito que el Gobierno tome medidas de responsabilidades de mando institucional y dar de baja a funcionarios, además de querellarse contra los carabineros, es algo inédito, pero no da tampoco para destapar champaña porque es lo que debiera suceder siempre. Es inédito respecto a actuaciones de gobiernos anteriores con los mismos casos. Nunca hubo retiro de la institución, ni siquiera emplazamientos a Carabineros en los casos de Alex Lemún, Matías Catrileo o Jaime Mendoza Collío. Lo que hubo en los gobiernos anteriores fue siempre un blindaje absoluto a la acción policial. Es más, la persecución de la justicia de la época hacia los carabineros involucrados directamente en los crímenes, fue un parto gigantesco, que costó muchísimo porque hay que recordar que mucho de esos casos pasaban directamente a la Fiscalía Militar en aquellos años y ahí era muy difícil lograr la justicia. Entonces, acá, en las responsabilidades institucionales, el Gobierno sobre la marcha ha actuado bien en el último caso”.

RESPONSABILIDADES POLÍTICAS
Frente a las responsabilidades políticas que muchos esperaban tras los acontecimientos desembocados por la muerte de Camilo Catrillanca, el periodista Pedro Cayuqueo insistió que la salida de Luis Mayol era, por lo bajo, lo que debió realizarse, pero que el hilo no debió cortarse solamente ahí.
“Creo que hay responsabilidades a más alto nivel. El subsecretario (Rodrigo) Ubilla, por ejemplo, también puede haberle salpicado la actuación del intendente regional. Respecto al ministro (Andrés) Chadwick, ya sería exigir demasiado, eso es para países nórdicos o para la política japonesa”.


VIOLENCIA POLÍTICA
¿Podemos decir que existe la violencia mapuche?
“La violencia mapuche existe, está bastante documentada, hay libros sobre la violencia política mapuche que estalla a fines de los ‘90 cuando surge la CAM como organización, que es la primera que propone la violencia mapuche como método, en aquellos años, más bien como autodefensa frente al actuar policial y frente a guardias armados que antiguamente cuidaban los fundos forestales. Muchas de empresas de guardias estaban asociadas a ex militares que después de la dictadura se reciclaron en empresas de seguridad. Y había una empresa en particular que era dirigida por un ex CNI, la que tenía casi todos los contratos de guardias armados en Arauco y Malleco y estos guardias eran bastante violentos, provocadores con las comunidades, hostiles, habían casos de apaleos a jóvenes comuneros, amedrentamientos a familias y la CAM surge como una respuesta mapuche ante ese tipo de grupos que no alcanzan a ser calificados como paramilitar, pero si un grupo de choque que tenía a las comunidades bajo hostigamiento permanente. Después la CAM desarrolla una línea de trabajo que amplía su repertorio, comienzan los atentados a camiones forestales, los sabotajes a las haciendas y ese es un camino que la CAM ha desarrollado durante 20 años, lo reivindican en comunicados públicos, tienen voceros públicos que hablan de ello. La CAM no es un grupo que está en la clandestinidad, tienen voceros que son públicos e incluso Héctor Llaitul viajó a Europa a una gira invitado por la ONU. De ahí, de hace 20 años a la fecha, han surgido otros grupos”.

¿No es condenable también ese actuar de violencia?
“La violencia es condenable, yo parto de esa base, es un actuar ilegal que está fuera de todo estado de derecho. Todos los que adherimos a un pacto social, condenamos la violencia, pero mi rol como analista, escritor y periodista es tratar de explicarla porque esto no surge de la nada. No es que sean un grupo de asesinos en serie, psicópatas, antisociales que quieran el caos. La violencia política, tiene el apellido de política porque persigue fines políticos y es una violencia que tiene particularidades porque estos grupos que operan en el sur, la mayoría de ellos, tiene agenda, propuesta y programas, incluso, la disposición de dialogar con las autoridades sobre los temas que a ellos los convoca. Lo que no ha existido nunca a la fecha, es la voluntad de La Moneda de asumir que tiene un conflicto político en el sur, el que se ha radicalizado con grupos que operan con violencia política, que no es delincuencial, sino que opera con objetivos políticos, por lo tanto, pareciera ser de perogrullo que el abordaje de esa violencia tiene que ser político. Incluso, hay de parte de los mapuches radicales, cada tanto tiempo, anuncios de querer conversar sobre temas políticos que La Moneda y el Gobierno no están dispuestos: autonomía, territorios, fin de la militarización, la retirada de las empresas forestales, pero esas discusiones que el Gobierno no quiere tener, ningún Gobierno lo ha querido hacer”.

Por eso es que en esta ocasión tampoco quisieron ciertos grupos participar de esta instancia de diálogo.
“Es que lo que se discute en estas instancias de diálogo son básicamente planes de desarrollo económico o asistenciales, que está bien que exista porque es una necesidad. El pueblo indígena es el más pobre de Chile. En la Casen, los mapuches estamos liderando y las comunas de población mapuche son las más pobres de Chile. Es real que hay una necesidad de desarrollo económico y social, pero eso también se debe hacer acá en Talca o en el norte, todas tienen necesidades sociales, unas más que otras, pero la particularidad de las regiones del sur es que, además de lo social, hay un conflicto político histórico no resuelto que se arrastra, al menos, por cien años que nadie la ha puesto el cascabel al gato. En el caso del Plan Araucanía del Gobierno, lo novedoso que tiene en la parte de reconocimiento de derecho indígena, es que la derecha se abre por primera vez a temas que antes se opuso, como el reconocimiento constitucional, cuotas parlamentarias, reconocimiento de derechos culturales como la lengua indígena. Hay nuevos sectores en la derecha, más juveniles, mucho más cosmopolitas, más modernos, que no ven con malos ojos ni la autonomía ni el plurilingüismo o multicultularidad ni el traspaso de ciertas competencias a los mapuches, que es el modelo de países desarrollados, donde no existe el paternalismo de Estado, sino que autogobiernos. Son tribus empoderadas en sus derechos, con su soberanía territorial (…) La gente muchas veces cae en esta caricatura en que la autodeterminación con la independencia, pero eso es falso. La legislación internacional reconoce dos tipos de autodeterminación: la externa, que es la secesión o independencia, que ocurre en muy raras veces en el mundo; y la interna, que es que los propios pueblos que están dentro de los marcos estatales, puedan determinar su desarrollo económico, política y social, bajos sus propios estándares culturales. Eso es lo que se demanda en Chile por parte de los mapuches. Nunca he escuchado, ni en los movimientos radicales, la pretensión de la independencia mapuche o de un Estado propio”.

Claudio Rojas

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