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También se sumaron voluntarios chilenos

Inmigrantes celebran fiesta intercultural en Talca

Cada mes la fundación Madre Josefa festeja el día de un país. Este año se ha celebrado a Venezuela, Haití y Colombia

Periodista: Diario El Centro - Fecha de Edición: 31 de Julio 2017

TALCA.-El trabajo duro, las luchas por regularizar sus documentos y adaptarse a un nuevo país, son una constante para cientos de inmigrantes que llegan a Chile. Para orientar y acompañar en este camino, en Talca, la fundación “Madre Josefa”, ha dado su apoyo a más de 500 inmigrantes de diversas nacionalidades.

Entre las líneas de trabajo de la fundación, se encuentra el rescate de la cultura de estos países. A propósito, cada mes, celebran el día de un país. Ayer, los anfitriones fueron los colombianos, quienes con su particular ritmo caribeño hicieron vibrar las instalaciones de la fundación en una amena celebración, a la que se sumaron otros inmigrantes y varios chilenos.

“Nuestro deseo es que el ser migrantes no los hagan desaparecer en medio de la cultura chilena. Lo que queremos es que la presencia de los extranjeros en la región sea una riqueza donde se mantenga su manera de ser. Porque eso es lo que hace la riqueza de la interculturalidad”, señala Sonia Salas, religiosa del Buen Pastor y directora de la fundación.

La iniciativa de estas celebraciones, partió hace dos años y en lo que va de 2017 se han celebrado los días de Haití, Venezuela y ahora Colombia. A fines del mes de agosto, se prevé la celebración de Brasil.

 

ROMPER ESTIGMAS

Para Carolina Restrepo, una colombiana de 35 años, este tipo de encuentro junto a la comunidad chilena, significa una oportunidad para conocerse. Ella llegó hace cinco años al país y considera que desde entonces, el trato hacia ellos ha mejorado.

“Antes era muy difícil. Era horrible te discriminaban por todo, por la forma en que hablabas y te expresabas. Esto hace que el chileno y de otros países conozcan más las costumbres y como somos realmente. Que el ser extrovertido y ser así, de esta sangre, es porque lo que llevamos y nacemos con ello”, señala.

 

EMIGRÓ POR AMOR

Hace cinco años, la colombiana Andrea Burbano, conoció a un chileno que le robaría el corazón y la motivaría a viajar a Chile, donde ahora vive con sus dos hijos. Para ella, reunirse con sus coterráneos durante el invierno es revivir el calor de su tierra.

“Nos ayuda mucho, porque acá hace mucho frío para este tiempo, Entonces acá entra uno en calor con el baile, con las cosas. Para nosotros, es nuestra casa. Uno extraña mucho su tierra a pesar de que uno no está allá se extraña mucho. Mis papas, mis hermanos, toda mi familia. Hace cinco años no paso una Navidad, un Año Nuevo. No es fácil estar en otro país, para nada”, dice.

 

AGRADECIDA CON CHILE

Junto a sus dos hijos, Lili Lara, reside en Talca, desde hace casi tres años. Aunque no ha podido ejercer su carrera como enfermera y ahora está desempleada, ella muestra su agradecimiento a Chile, por brindarles oportunidades a sus hijos.

“El niño ya va en primero medio, le ha ido muy bien en su colegio; ahora el mismo colegio le han dado la oportunidad para el año que vienen irse a estudiar a EEUU inglés, porque ocupa uno de los mejores lugares del salón. Y la niña ha cultivado ese don del arte, que mi mamá le enseñó desde pequeña”, cuenta.

 

INVITADOS

A la celebración de su vecino país, también se sumaron venezolanos. Marcos Márquez, un venezolano de 23 años, llegó al país hace tres meses y ha encontrado en la fundación una cálida bienvenida.

“Hace que cada persona esté alegre. A pesar que uno esté triste por dentro, te hace pensar en otras cosas, divertirse, alejar esos momentos de tristeza. Se siente un ambiente alegre y agradable”, dice.

Marcos, actualmente vende arepas en el centro para ayudar a sus padres en Venezuela. “Ojalá se acomode (Venezuela) para yo regresar y estar con mi familia. Te digo, el 95% regresaríamos a nuestra tierra natal”, dice. 

En tanto, Carlos Montano, un inmigrante haitiano, también disfruta la actividad y sus comidas, que a su juicio se parecen a las comidas de su nativo país.

“Aprendí la cultura de Colombia y de Venezuela. Me siento súper bien. La comida es parecida, pero la música son distintas. Ellos son súper alegres”, cuenta.

 

VOLUNTARIADO

El chileno Guillermo Díaz, es uno de los voluntarios de la fundación, para él, estos encuentros permiten aprender y valorar las culturas de Latinoamérica.

Díaz, insta a sus coterráneos a sumarse a estas actividades y brindar apoyo al inmigrante. “Pensamos que muchos de los nuestros también salieron por distintas causas. Políticas, religiosas y muchos fueron acogidos”, dice.

 

Wendy Lucena

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