Miércoles, 16 de Enero de 2019

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Sepultaron a joven hallada sin vida en el río Claro

“La Negra” pasó a despedirse

La familia quiso hacer un recorrido en los carros fúnebres en las poblaciones del norte de Talca que solía visitar la muchacha. En el camino, pidieron justicia.

Periodista: Diario El Centro - Fecha de Edición: 10 de Enero 2019

TALCA.- “Chao, mi guachita”, dijo una mujer con la voz débil, como si se comunicara con alguien que iba a su lado, pero caminaba sola, apoyando todo su desgano sobre un auto. Se despedía de la muchacha que había conocido hace cinco años y que ahora trasladaban dentro de un ataúd, recorriendo las calles de las poblaciones del norte de Talca por donde solía desperdigar simpatía.
Ayer, tres días después de que la mujer de 18 años fuera encontrada flotando, maniatada y semidesnuda a orillas del río Claro -tiempo en el que se completaron los principales peritajes y la autopsia- el Servicio Médico Legal (SML), finalmente, entregó el cuerpo a los dolientes este miércoles para que le dieran sepultura.


“La Negra”, como era conocida entre los vecinos, era toda alegría y aunque alguna allegada sugirió recibirla en casa con la música que calzara con su personalidad extrovertida, su padre escogió una canción cristiana de ritmo suave.
Bajar el ataúd del vehículo fue como romper un jarrón en un salón vacío. Las hermanas se abrazaron deshechas en llanto y entraron a la casa seguidas de la solidaridad de los vecinos y parientes que acudieron al velatorio, resuelto con la brevedad necesaria para un cadáver encontrado en estado de descomposición.


Terminado el velorio, los carros fúnebres salieron a recorrer las calles de la población contigua a donde estaba residenciada la víctima, donde solía pasar con frecuencia, por estar allí la casa de la abuela paterna y también la de otra familia conocida, donde fue a cambiarse de ropa el 25 de diciembre, salió aproximadamente a las 14.00 horas y desapareció.
Sentada al lado del chofer, con el ataúd de su hija menor a su espalda, con movimientos apenas perceptibles, como inmune a los mimos de una de sus hijas mayores, iba la madre de “La Negra”, haciendo la ruta habitual de sus hija por el barrio donde creció.

 

CRECE EL TEMOR
El crimen despertó el temor, especialmente, entre las mujeres.
“Me cambió la manera de ver las cosas. Ahora las veo como que el mundo está sucio y los hombres también. Ya no podemos salir a la calle confiadas”, reflexionó María Olivares, madre de tres mujeres y vecina de la víctima.
La misma alerta se encendió para Gladys Galaz, mamá de una excompañera de escuela de la joven asesinada: “Esto no es justo para nadie. Es una niña. Le cortaron su vida. Como mamá estoy muy afectada porque la miro a ella (su hija) y pienso que uno podría vivir estos mismos momentos y es demasiado fuerte”.

 

Marlyn Silva/Anaís Duque

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