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Compleja y emotiva historia

La vida golpeó duro a matrimonio en San Rafael, pero su fortaleza y amor pudieron más

Jefe de hogar quedó postrado en cama y sin dinero para comprar un vital elemento para mantenerse con vida. Con dos menores a cuesta, su mujer emprendió una hermosa lucha para apoyar a su marido y sacar a flote a su familia

Periodista: Diario El Centro - Fecha de Edición: 02 de Octubre 2016

TALCA.- Esta es una historia de amor verdadero. De amor que ni el más duro embate de la vida logra derribar. Sixto Velis y Eva Gajardo, se conocieron de niños en el sector de Los Naranjos de la comuna de San Rafael. Cuando ella tenía 16 y él 20 años, ya se habían casado. Sixto era un romántico que no demoró en conquistar el corazón de Eva. Él quería a toda costa formar un hogar con su amada y fue así como trabajó duro para pagar una casa donde vivir y formar su familia.

Tuvieron seis hijos, cuatro están casados y dos menores de 16 y 14 años aún viven con ellos.

Eva recuerda a Sixto como un hombre trabajador, que desde niño tuvo que arreglárselas para ganarle a la adversidad, luego que a los siete años sufriera un accidente mientras jugaba con su hermano y quedara desde entonces con su cadera resentida y una cojera que lo acompañarían por el resto de sus días. “En esos tiempos los papás no nos llevaban a tratamientos médicos ni menos existían la red de apoyo con la que hoy cuenta el gobierno. Si te caías y te quebrabas te llevaban a un curandero que recomponía los huesos y sería todo. Quedó mal de su cadera, cojo de una pierna y desde entonces su vida no fue la misma”, revela su esposa quien pese a las dificultades físicas de Sixto, se enamoró de él.

Sixto, hoy de 58 años, fue un hombre de trabajo, preocupado de su mujer, sus hijos y de ayudar en la casa, según afirma Eva. Sin embargo, la tragedia volvió a golpear a esta familia. “Hace seis años tuvo su último trabajo en la Terpel de San Rafael. Ahí se cayó desde un techo y su vida cambió más aún. Se cortó unos dedos de la mano derecha, la que no pudo volver a usar ni para comer”, revela Eva con emoción contenida.

Desde este último accidente su salud se fue en picada. Cada vez caminaba menos y sus dolores eran tan intensos como insoportables. Esto, lejos de disminuir fue en aumento con el paso del tiempo. El doctor le dio calmantes (Tramadol), que cada vez le hacían menos efecto. Pronto debió comenzar a usar una muleta para moverse, pero más tarde debió usar dos, luego vino la silla de ruedas y posteriormente la cama. Cama de la cual pudo hasta hace un tiempo levantarse a ratos a hacer sus necesidades biológicas, pero hoy ni siquiera eso puede hacer. Las razones se explican al leer su diagnóstico clínico: hipertensión arterial, artrosis severa bilateral mayor del lado izquierdo con subluxación  secundaria de fémur, discopatía lumbar, artrosis interfacetaria y espodilosis.

 

TODO EMPEORA

Con este lapidario diagnóstico la fortaleza espiritual del matrimonio se fue a pique y los problemas se siguieron encadenando. El delicado estado de salud de su esposo, obligó a Eva a dejar su trabajo para cuidarlo. Se quedaron sólo con el ingreso de la pensión de invalidez de Sixto por 94 mil pesos, que ella debió encargarse de distribuir entre el pago de los servicios de electricidad, agua y gas, la alimentación de sus dos hijos menores que aún viven con ellos y comprar ampollas a un costo de 20 mil pesos que debe usar su cónyuge cuando los dolores son extremos. De ropa y otras necesidades, ni hablar.

Eva cuenta que después de la última caída de Sixto, tuvo que dejar el trabajo que por seis años desempeñó como manipuladora de alimentos de la escuela de San Rafael. “Mi hija lo cuidaba antes de eso, pero a medida que se fue postrando más, tuve que renunciar a mi trabajo porque había cosas de las cuales sólo yo podía encargarme, como bañarlo. La niña es menor y no podía estar haciendo eso”.

 

SIETE MESES INMÓVIL

Sixto llevaba siete meses sin poder movilizarse. Su ánimo era muy muy malo porque de ser una persona totalmente activa, pasó a estar en cama casi todo el día. Ha tenido una depresión muy fuerte. Sus hijos lo vienen a ver para animarlo. “Esto para él ha sido horrible porque siempre fue activo y verse en este estado lo deprime. No le gusta estar en cama. Nosotros tratamos de subirle el ánimo, pero no es fácil”, señala esta aguerrida mujer.

LOS ÁNGELES EXISTEN

Como su esposo quedó postrado en la cama y casi sin poder moverse, su salud mental y física empeoró. Su cuerpo comenzó a sufrir las consecuencias de la inmovilidad y Eva comprendió que necesitaba con urgencia un colchón antiescaras. Un costo de poco más de 100 mil pesos que pueden ser insignificantes para muchas familias, pero no para los Velis Gajardo. Eva, a sus 54 años decidió no darse por vencida. Golpeó muchas puertas que no se abrieron pero de pronto todo cambió. “Fui donde la alcaldesa (Claudia Díaz), le mostré todos los papeles médicos y ella comenzó a ayudarme. No tenía recursos para hacerlo desde la municipalidad, pero sí buen corazón para ayudarme a gestionar los recursos”, revela.

 

GOBIERNO EN ACCIÓN

“Me dijo que hablaría con el intendente -continúa-, que él podría ayudarme porque nuestro caso lo ameritaba. Y así fue. El intendente (Pablo Meza), me derivó al asistente social y él apuró todo para hacer la compra del colchón. No tengo palabras para agradecerle. En un mes Sixto ya tenía su nuevo colchón y su vida cambió mucho. Nadie podría creer que con este apoyo mi esposo volvió a la vida”, revela una emocionada Eva.

Pero no sólo Sixto pudo mejorar su calidad de vida, sino que la familia completa, pues “desde que está en su nueva cama se le han disminuido los dolores porque siente que le hacen un masaje todo el día y mejoró la circulación de la sangre. Ahora puede reír y dormir bien porque él no quería molestarme en la noche cuando sus dolores lo atacaban fuerte. Nosotros también descansamos y también me queda tiempo para dedicarme al invernadero”.

 

¿Usted construyó un invernadero para el sustento familiar?

“La alcaldesa me lo regaló y gracias a esto cultivo verduras para la casa y también para vender. Ahora tenemos un ingreso más para el sustento familiar”.

 

Finalmente, reflexiona sobre el apoyo que logró obtener, señalando que “la fe es muy importante y gracias a Dios me encontré con personas de buen corazón. Quizás para mucha gente 100 mil o 200 mil pesos no sea mucho, pero para nosotros eran imposibles. Yo siempre he querido enviarle una carta de agradecimiento al señor de la Intendencia, porque creo que ni siquiera él sabe lo importante que fue su ayuda para nuestra familia”.

  Fuerza divina

 

Sus hijos de 14 y 16 casi no tuvieron infancia. Debieron madurar pronto y asumir responsabilidades en la casa.

“Son los dos muy cooperadores. Como familia estamos unidos frente a la enfermedad de Sixto y así vamos a continuar. Lo único que le pido a Dios es que me de fuerzas para seguir adelante y no me haga decaer”, pide Eva.

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