Sábado, 16 de Febrero de 2019

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Padecía déficit de atención y en la adolescencia conoció las drogas

Las batallas internas que marcaron la vida de Aylin

Abandonó el colegio, después de repetir varios cursos. Los docentes detectaron síntomas psicológicos que dificultaban su progreso en clases. Después, comenzó a consumir pasta base.

Periodista: Diario El Centro - Fecha de Edición: 10 de Febrero 2019

TALCA.- A los 18 años la vida de Aylin tenía demasiadas curvas y descensos estrepitosos, pero también había tiempos en los que atravesaba por rectas tranquilas, de esas que permiten ver dónde está la siguiente parada. Transitaba por ese tramo de estabilidad semanas antes de desaparecer en diciembre pasado para luego ser localizada muerta con signos de tortura, en el río Claro.


Un mes antes de ser asesinada, Aylin o “La Negra, como también le conocían, había recibido la autorización para salir del Centro Integral de Rehabilitación Gamma, dependencia del Servicio Nacional de Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (Senda).


En octubre había cumplido la mayoría de edad, así que debía pasar a la lista de espera para continuar el tratamiento como adulta. Mientras ese listado avanzaba, volvió a su casa en Las Américas y recayó.


Un presunto traficante de drogas de la población San Miguel del Piduco le entregó pasta base valorada en 60 mil pesos para que la vendiera, pero ella, al parecer, la consumió y no la pagó. Esa deuda sería el motivo por el que un grupo de jóvenes, entre ellos menores de edad, le dieron muerte el 26 de diciembre. Todo esto según fue expuesto en la audiencia de control de detención de cuatro imputados por el caso.


“Creo que si ella hubiese estado más tiempo internada habría logrado la rehabilitación completa, porque - según lo que me he informado- tres meses en una clínica de rehabilitación es muy poco, no alcanza a tener una recuperación completa”, opinó Carolina González, una de las hermanas mayores.


Antes, Aylin había estado internada en el Hospital Regional de Talca (HRT) en el área de psiquiatría. La segunda vez que pasó por un proceso de desintoxicación estuvo recluida nuevamente en el HRT y desde allí fue derivada al Centro Integral de Rehabilitación Gamma.


“El Estado mientras uno sea menor de edad da ciertas garantías, facilidades, pero cuando se cumple los 18 años ya uno es harina de otro costal”, reprochó González sobre el sistema de atención pública. Ellos como familia no tenían el dinero para internar a la joven -la menor de ocho hermanos- en un recinto privado.


Mientras cumplía el programa, aprendió a hacer alisados, aplicar queratina y otras tareas relacionadas con la estética. Paralelamente, nivelaba la escolaridad, pero en ese aspecto parecía seguir jugándole el contra el déficit de atención que arrastraba desde el colegio, antes de que conociera las drogas.
“La verdad es que no le iba muy bien en el colegio. Tenía déficit de atención. En el colegio no se concentraba, después no pasaba de curso, era repitente, la molestaban... Se ‘chorió\\' y abandonó los estudios”, contó su hermana.


Con todo, “La Negra” mientras estuvo en el la clínica Gamma se atrevía a hablar en positivo sobre su futuro. Le costaba la parte educativa sí, según comentó una funcionaria de la institución a la familia, pero siempre mencionaba que quería terminar los estudios para ir a la universidad y graduarse como psicóloga.


Practicó con más de uno en casa las destrezas que aprendió en la rehabilitación y hoy recuerdan con gracia aquellas prácticas de peluquera de ella, que en sus maneras era todo un derroche de feminidad, ella que le cambiaba el nombre a las cosas solo por bromear, la que detestaba comer pollo y preparaba arroz duro, la tía que repetía “tú no tenís que fumar, tú no tenís que tomar”.

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