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Habla una de las víctimas de un falso caso de secuestro

“Me dijo que si le cortaba el teléfono entonces mataría a mi hija mayor”

A poco más de una semana de los graves hechos que mantuvieron en vilo a la PDI y la Fiscalía Regional, aún persisten las consecuencias. Por ello, como requisito para difundir su relato, la mujer exigió que no se le fotografiara y tampoco entregara ningún antecedente que pueda llevar a su identificación y de su familia

Periodista: Diario El Centro - Fecha de Edición: 07 de Enero 2018

TALCA.- Fueron ocho horas de un terror que la mantuvieron a ella y a toda su familia en gran tensión y que terminaron con un final feliz, de esos que se ven en televisión. Pero la víctima sabe que nada es por azar y, para evitar ser objeto de represalias, exigió medidas especiales para conceder esta entrevista a Diario El Centro.
Así fue necesario que la Fiscalía Regional y la PDI autorizaran que esta valiente mujer fuera entrevistada en una céntrica oficina de una empresa talquina. En ese mismo lugar se encontraba esta víctima –esposa y madre de dos hijas- el miércoles 27 de diciembre pasado, cuando recibió un llamado que cambiaría su vida.
Recuerda que al otro lado del teléfono le habló un joven que -ella calcula- podría aún tener minoría de edad. El sujeto la amenazó de muerte a ella y a su familia, señalando primero que supuestamente había desvalijado su casa y que, después, tenía en su poder a la hija mayor, de 15 años. La mujer apenas soportó y llamó de inmediato a la PDI.
Esa fue una decisión clave, porque a partir de allí se instaló un equipo negociador cuya labor terminó arrojando resultados positivos. Pero hasta hoy, la víctima principal todavía no sabe por qué esta peligrosa banda de delincuentes escogió a su familia para sacarles dinero con un falso secuestro telefónico.
La principal motivación para hablar con Diario El Centro fue que su testimonio sirva como lección para otras personas que puedan ser objeto de delitos similares. La lección, indica, es que nunca hay que perder el control de la situación y confiar en quienes están entrenados y preparados para enfrentar estos delitos.

¿Qué recuerda de ese día? ¿Cómo comenzó el calvario que le tocó vivir?
“Yo estaba trabajando cuando recibí llamadas telefónicas a mi celular de un número desconocido. Como fue tan insistente, terminé contestando. Ahí un sujeto que se escuchaba joven me dijo que tenía secuestrada a mi hija, que quería plata y que había sacado las joyas de oro de mi casa. Me dijo que agradeciera que se había llevado sólo eso, que no había sacado a mi hija más chica, que se había quedado con una vecina. Me dijo que si le cortaba el teléfono entonces mataría a mi hija mayor”.

¿Y cuál fue su reacción?
“Me reuní con unos colegas del trabajo que me dijeron que tenía que ir a mi casa a ver si realmente había pasado algo. En el trayecto, me seguían llamando del mismo número, pero yo decidí no contestar hasta saber qué había pasado en mi casa.
Cuando llegamos, nos fijamos que no estaba forzada ni la reja ni la puerta principal, pero que efectivamente estaba todo dado vuelta, que no estaba mi hija mayor, que la menor estaba con una vecina y que, efectivamente, faltaban sólo las joyas de oro, como me dijo el tipo que me habló por teléfono.
Lo que me llamó la atención fue que no se habían llevado ni computadores ni cámaras fotográficas de la casa, como el mismo tipo me lo había mencionado. Después de eso llamé a la PDI”.

¿La reacción fue inmediata o se demoraron en llegar?
“Ellos llegaron altiro. Yo les comenté la situación y comenzaron a tomar huellas en la casa, sospechando que los delincuentes habrían estado allí. El tipo me seguía llamando y los detectives me dijeron que le contestara, siempre con el teléfono en altavoz. Entonces ahí el sujeto me repitió que tenía a mi hija mayor, que quería plata o si no la iba a matar”.

¿Siempre fueron diálogos muy violentos?
“Muy violentos y con muchos garabatos. Me trataron de perra bastarda y maldita. Pero yo me mantuve firme en que no les iba a entregar dinero hasta que escuchara a mi hija o viera una foto de ella. Desde ese momento, hasta un buen rato más, el sujeto me dejó hablar con mi hija. Todo fue en altavoz, porque los detectives lo estaban grabando.
Pero cuando el tipo me pasó a mi hija y yo escuché su voz, entonces caí en la desesperación, porque pensé que efectivamente la tenía. Ahí el tipo me siguió insistiendo en que le tenía que depositar o hacer una transferencia, que en caso contrario la iban a violar, la iban a enterrar y antes le iban a sacar los órganos para venderlos. Que iba a pasar el año nuevo en el funeral de mi hija. Era algo aterrador”.

¿Y cómo tuvo la convicción de que efectivamente los secuestradores podrían tener a su hija?
“Los detectives me dijeron que le exigiera a este sujeto que me enviara una foto de mi hija por el teléfono. Así le dije que yo no iba a negociar hasta saber que mi hija estaba viva. Primero me mandaron una foto de su Facebook, pero como yo la reconocí y les dije que cualquiera podía haber bajado esa imagen, me enviaron una foto como si se la hubieran tomado ellos, cuando en realidad se la había hecho ella misma.
Cuando vi esa foto entré en pánico, porque ya la había escuchado y ahora la estaba viendo. Ahí los detectives me dijeron que la foto era del tipo que mi hija se la había tomado ella misma y que dudaban que estuviera efectivamente secuestrada.
Horas después, cuando pudimos recuperar a la niña, ella me dijo que todo comenzó cuando llamaron a la casa, al teléfono fijo. Ella contestó y primero preguntaron por mi esposo. Luego el sujeto le dijo que era un supuesto carabinero, que yo había tenido un accidente vehicular y que todo se arreglaba con un pago en dinero. Ellos sabían incluso que hace poco habíamos cambiado el automóvil”.

¿De qué forma le piden dinero a su hija?
“La dijeron a la niña por teléfono que su madre estaba en el hospital y que necesitaban dinero para que no se fuera detenida. Ella, como es chica, le pareció muy creíble la maniobra de este delincuente. El sujeto le dijo que si no había plata en la casa, que sacara las joyas de oro y que las fuera a empeñar al centro de la ciudad.
La niña les hizo caso: fue ella quien desordenó los cajones en la casa y que sacó las joyas de oro. Los delincuentes nunca estuvieron en mi casa. Después la hicieron salir y ella dejó a su hermana menor con una vecina, aunque el sujeto le decía que la llevara. Después le pasaron una cuenta RUT para que depositara el dinero.
Al final le sacaron 166 mil pesos exactos. Pero no fue lo único, porque el sujeto le pedía más plata y a mi hija le parecía todo muy extraño. Y ahí el tipo cambió el tono de voz y le dijo que era un secuestro, que tenía a su mamá –o sea yo- y que sabían el cargo que tengo en la empresa. Además por teléfono mi hija escuchaba los gritos de una mujer que le pegaban y que supuestamente era yo”.
¿De qué forma lograron que su hija se aislara y que no tuviera contacto por redes sociales o Internet?
“Ocurre que después de decirle que era un secuestro, le exigieron a mi hija que desactivara los datos móviles del teléfono celular. Y como ella lo hizo, eso hizo imposible que los detectives pudieron tomar contacto con mi hija para avisarle que yo estaba bien. Así la mantuvieron toda la tarde en el celular sin poder llamar o contactar a otra persona. A mi esposo también lo llamaron, pero era un sujeto con acento colombiano que también le pedía dinero, aunque él no le creyó.
El punto fue que hubo un momento en que yo no pude hablar más con el delincuente, porque me decía un montón de cosas y me daba mucho miedo que fueran verdad. Pero después que vi la foto de la niña y el sujeto me hizo escuchar su voz, en una grabación, ahí entré en pánico y no pude seguir hablando. En ese momento uno de los encargados de la PDI se hizo pasar por un familiar y tomó contacto con los delincuentes para negociar”.

¿Cree usted que era más de una persona?
“De eso no tengo duda, porque al mismo tiempo que se conectaban con mi hija, me llamaba a mí y mi esposo, siempre pidiendo dinero. Dicen que operan desde la cárcel, yo no sé, pero sí que tienen gente que está cooperando desde afuera. A mí hija la siguieron desde que salió de la casa, porque si ella iba a cruzar la calle, le decían que lo hiciera mitad de cuadra o que fuera en otra dirección, que siguiera a una mujer que tenía un sombrero de determinada manera”.

¿Fue todo increíblemente realista?
“Era muy convincente, tanto que mi hija ahora está con un trauma terrible que no quiere salir ni al antejardín de la casa. Fue algo tan bien creado, porque en realidad mi hija ni yo nunca estuvimos secuestradas. Hasta la PDI me decía que esto no era un secuestro, pero tampoco lo descartaban en su totalidad. Lo importante es que al final todo era mentira y nos pudimos reunir como familia.
Lo que recomiendo a alguien que le pueda pasar esto mismo es que corte de inmediato el teléfono y que llame a la persona que podría estar secuestrada. Después tienen que comunicarse con la PDI, porque ellos saben cómo manejar estas cosas. Lo que pasa es que estos sujetos a una no la dejan pensar y utilizan cualquier información. Pero lo que yo hice fue el camino correcto. Eso no lo dudo”.

¿Y qué piensa usted de que esto se pudo haber gestado en una cárcel?
“Es muy grave que ellos tengan acceso a un teléfono celular, porque tienen todo el tiempo del mundo para planificar estas estafas y además, cuentan con apoyo desde el exterior para recibir los depósitos y retirar el dinero de inmediato. Pero no se sabe desde qué cárcel, si es Talca o en otra ciudad”.

¿Es posible retomar la vida normal después de vivir algo así?
“La verdad es que no, porque todavía tiemblo cuando me acuerdo de lo que pasó. Además dos días después recibí una llamada del mismo sujeto que me amenazó de muerte. Me dijo que me iba a reventar la casa, que era una perra maldita, todo porque había realizado la denuncia. Pero yo lo amenacé también, porque le dije que lo tenían identificado y que lo iban a detener. Eso es por fuera, porque mi hija está muy mal. Es como natural que ahora tengamos un pánico constante”.

Hernán Espinoza

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